En un contundente golpe contra el crimen organizado, las autoridades colombianas lograron la captura de un presunto cabecilla del Clan del Golfo, conocido con el alias de Gustavo, en un operativo desarrollado en el municipio de Túquerres, Nariño. La acción se enmarcó dentro de una operación coordinada entre la Seccional de Investigación Criminal (SIJIN) de la Policía en los departamentos de Valle y Nariño, junto a personal de la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (DIJIN), en trabajo conjunto con la Fiscalía General de la Nación.
Alias Gustavo, de 25 años, era requerido judicialmente por el delito de extorsión y, según informaron las autoridades, tenía una trayectoria criminal de más de tres años dentro del Grupo Armado Organizado (GAO) Clan del Golfo, específicamente dentro de la Subestructura Frente Valle. Habría sido designado como cabecilla de zona por alias “Dimax”, quien lidera dicha subestructura.
Estructuras
El operativo formó parte de un despliegue simultáneo en distintos puntos del suroccidente del país, con el objetivo de debilitar las capacidades logísticas y operacionales de esta estructura criminal que ha afectado tanto al Valle del Cauca como a zonas estratégicas de Nariño.
Uno de los datos que más ha sorprendido a las autoridades es que alias “Gustavo” se habría desempeñado como conductor de una ambulancia en el hospital de Trujillo, en el departamento del Valle. Desde esa posición, presuntamente facilitaba los desplazamientos hacia la vereda La Sonora, territorio donde tiene injerencia la organización ilegal, realizando labores de colaboración, inteligencia y logística para el grupo criminal.
Explosivos
Además, ‘Gustavo’ estaría vinculado con el reclutamiento forzado de jóvenes, una de las estrategias utilizadas por esta organización para fortalecer sus filas. Según las autoridades, su conocimiento avanzado en manejo de tropas, armas y explosivos, lo convirtió en un activo clave dentro de la estructura. Pero su rol no se limitaba al ámbito militar: alias “Gustavo” era señalado como el principal dinamizador del recaudo económico para la organización en los municipios de Trujillo y Riofrío. Las actividades extorsivas que dirigía estaban orientadas especialmente hacia comerciantes y caficultores, a quienes les habrían exigido sumas de entre 10 y 250 millones de pesos como parte del esquema criminal de financiación.

