Los alcaldes y gobernadores del país están aplicados elaborando sus respectivos planes de desarrollo, porque es una orden constitucional y legal y una necesidad de tener una guía de trabajo para resolver problemas y sobre todo, para prospectar el futuro.
Fueron los países socialistas los primeros en implementar planes desarrollo nacional con carácter imperativo que les permitió superar indicadores atraso heredado del capitalismo. Sin embargo, su experiencia en una economía rígida y cerrada fue superada por los tecnicismos de los países capitalistas desarrollados. Pero la esencia de lo planes sigue siendo la misma: diagnosticar, formular, ejecutar, controlar y evaluar con miras a reducir la incertidumbre y tratar de controlar el destino.
La gran diferencia entre los planes en economías centralizadas y de mercado radica en su carácter obligatorio en las primeras e indicativa en las segundas. En estas últimas por cuanto gran parte de la economía pertenece al sector privado, por lo tanto, el mercado somete al plan en cambio en las economías centralizadas, el plan somete al mercado con responsabilidades jurídicas ante la ley por su incumplimiento.
En Colombia se viene elaborando planes desde 1951 con la asesoría del canadiense Lauchlin Currie que hizo incorporar en los planes de desarrollo el enfoque keynesiano de estimular desde el Estado el sector de la construcción e infraestructura y hasta hoy, ese es considerado el sector líder de la economía por impacta a 37 subsectores, utiliza mano de obra barata por ser descalificada, en su gran mayoría y, resuelve parcialmente, el problema de desempleo, la falta de vivienda y vías.
Sin embargo, en Colombia como en Nariño observamos un superávit de planes y un déficit de cumplimiento, porque las oficinas de planeación terminaron obedeciendo compromisos electorales por encima de los técnicos y, sobre todo, son apéndices de las secretarias de Hacienda porque los planes, programas y proyectos dependen de las disponibilidades presupuestales certificadas en los famosos CDPs. Si bien ninguna idea de cambio existe, si no está en los planes de desarrollo, estos dependen del arbitraje de recursos, que generalmente son escasos. En consecuencia, ese gran listado de necesidades que surgen de las iniciativas ciudadanas debe ser priorizado en un reducido número de proyectos de impacto regional y subregional que supere el efecto regadera con fines electorales.




