¡Yo oro!¡Yo ayuno!¡Yo predico!¡Yo hablo lenguas!¡Yo danzo!¡Yo lo alabo!¡Yo canto!¡Yo le soy muy fiel a Dios!¡Yo no falto a un culto!¡Yo diezmo y ofrendo!¡Dios me usa!¡No bebo!¡No fumo!¡No bailo!¡Visto con decoro!¡No me parezco a los «mundanos»!¡Soy muy espiritual!¿Pero y la lengua? Despedazan al prójimo, lo calumnian, lo ofenden, lo difaman y le mienten.Recuerden que: «Si alguno se cree religioso, pero no refrena su lengua, sino que engaña a su propio corazón, la religión del tal es vana» (Santiago 1:26).




