El escritor nariñense Álvaro Velasco Córdoba, nacido en la década de los sesenta, ha recorrido un camino marcado por la pasión hacia la literatura. Desde muy temprana edad encontró en las letras un refugio y una forma de expresión, cultivando géneros diversos como la novela, el ensayo, la poesía, el cuento y hasta la carta, todos atravesados por una mirada crítica sobre la sociedad y la condición humana.
En 2010, Velasco publicó en Bogotá su primer libro, ‘Sin luna llena no aúllan los lobos’, una selección de cuentos donde sobresale la comparación entre las sociedades de ratas y las humanas. Con una narrativa fría y punzante, el autor expuso cómo en la conducta de los roedores se pueden encontrar aprendizajes sobre la convivencia y las tensiones sociales, una metáfora que buscó interpelar al lector.
Publicación
Quince años después, en 2025, su obra vuelve a resonar, esta vez con la publicación de ‘Veintiuna crónicas urbanas’, textos donde retrata con un lenguaje directo y acostumbrado la vida en su natal San Juan de Pasto. Se trata de relatos que buscan preservar la memoria de una ciudad que, según el autor, merece ser contada para no caer en el olvido.
No obstante, la trayectoria de Velasco incluye también escritos que aún permanecen inéditos, pese a haber sido editados hace varios años. Entre ellos se encuentran títulos como ‘Ojos de cínico’, ‘Un leve acercamiento a la metamorfosis de Kafka’ y ‘Un ateo que ama a Jesucristo’. Obras que, aunque guardadas en la sombra, esperan salir del anonimato para encontrarse con sus lectores.
Recientemente, el escritor presentó en la Casa de la Cultura de Nariño su libro más reciente, ‘Y vuelan los buitres también en la noche…’. El evento significó no solo el lanzamiento de una obra literaria, sino también la reafirmación de su visión sobre el papel transformador del arte en la sociedad. En su discurso, Velasco dejó claro que el arte no debe ser un privilegio, sino un derecho fundamental.
Expresar
“Una sociedad justa y progresista debe incluir en su canasta familiar el arte y la cultura. No hay alimento que más nutra a un colectivo y a un individuo que la oportunidad natural de expresarse sin censuras”, manifestó el autor durante la presentación, reafirmando su compromiso con la literatura como un espacio de libertad.
Velasco sostiene que, a lo largo de la historia, el arte ha sido la válvula de escape para expresar lo que las palabras comunes no alcanzan a decir. La literatura, la música y las artes plásticas han acompañado al ser humano en sus odiseas, ofreciendo consuelo y fuerza en los momentos más difíciles. En ese sentido, el escritor concibe la inspiración artística como una manifestación vital tanto para el individuo como para el mundo.
Sin embargo, no todo es celebración. En su intervención también criticó el papel que cumplen algunos gestores culturales en el departamento de Nariño. Según afirmó, durante décadas estas instancias se han convertido en escenarios de politiquería y clientelismo, donde prevalece la burocracia por encima de la verdadera promoción artística.
Esfuerzos
Aunque reconoció los esfuerzos en torno al Carnaval de Negros y Blancos, subrayó que este escenario ha sido el único refugio de muchas expresiones, dejando rezagadas a otras disciplinas como la literatura, la música o la pintura. “Rara vez se publican libros que no sean por el esfuerzo propio de los autores. Las pocas oportunidades suelen estar atravesadas por influencias y trámites que limitan a quienes no cuentan con padrinazgos”, sostuvo el autor.
Para Velasco, el arte es el alma y la conciencia de una sociedad. Sin él, asegura, los pueblos corren el riesgo de caer en una muerte cultural silenciosa. Por eso insiste en la urgencia de reconocer el valor de la literatura y de las demás artes como motores de transformación social, más allá de los escenarios festivos y tradicionales.
Su voz, fuerte y crítica, no solo deja ver a un escritor comprometido con su oficio, sino a un pensador que invita a reflexionar sobre la necesidad de abrir más espacios para los artistas locales. Con su obra y sus palabras, Álvaro Velasco Córdoba reafirma que el arte no es un adorno, sino un alimento esencial para la vida colectiva.

