Con el mayor respeto del maestro Alberto Quijano Guerrero, de cuya eximia pluma surgió el himno de nuestro amado departamento, parafraseo una línea del mismo para traer a colación no solo la situación de abandono en la que nos encontramos, sino nuestro ya terrible conformismo con el que vivimos el día a día.
Pasto tras la pandemia y el paro que se vivió en todo el país, se ubica entre las ciudades con el costo de vida más alto, y nadie dice nada, los precios de los productos de la canasta familiar tuvieron un alza excesiva, pero ni las veedurías ciudadanas y mucho menos la Superintendencia de Industria y Comercio se pronuncian al respecto, y lo peor del caso, es que pareciera que en medio de estas penurias encontramos nuestra zona de confort, pues los precios de los productos cada día suben más y más, y seguimos como si nada.
Por otro lado, la pandemia fue aprovechada por ciertas empresas que hicieron cobros excesivos tras la prestación de los servicios para lo que fueron constituidas y a pesar que muchas personas dieron a conocer esta situación a los entes de control, nadie hizo nada, y todo se quedó, por decirlo de alguna manera, archivado entre las tantas historias de deshumanización que se presentaron durante los momentos apremiantes de la pandemia. Por cierto, algunos de los casos presentados ante la Superintendencia de servicios públicos han comenzado a ser resueltos, sin embargo como sabemos todo la justicia tarda y más aún para los de ruana.
Y de olvido sí que sabemos la nariñense, y basta con hacer un pequeño viaje a los alrededores de Pasto para transitar vías que parecen caminos de herradura, llegar a sitios con una belleza única como Buesaco, Ancuya, Linares, Guaitarilla o incluso, salir del departamento hacia cualquier punto cardinal es realmente un tormento por el estado paupérrimo de las vías que se usan. En pleno siglo XXI la vía hacia el Cauca se encuentra en un estado deplorable, rutas que son parchadas de manera artesanal por los lugareños a cambio de unas pocas monedas, huecos terribles que se asemejan a los cráteres que se observan de la Luna y que en épocas de lluvia como las que estamos viviendo, son verdaderas trampas mortales.
Transitando estas inigualables rutas del abandono no puedo evitar preguntarme ¿Cómo llegan los congresistas a buscar los votos a estas poblaciones?, ¿Acaso estos dignos representantes del pueblo recorren estas trochas o será que tienen helicópteros privados que los llevan de un lugar a otro? ¿O será que lograron desarrollar la técnica de la teletransportación para llegar a las reuniones sin sentir el rigor del mal estado de la malla vial del Departamento?.
Nariñenses, están ante una oportunidad única, sepan escoger a sus dirigentes para que situaciones como a las que hago referencia en estas líneas cambien, ¿o es que acaso disfrutamos vivir en medio de las penurias que diariamente capoteamos?.
Por Mauricio Fernando Muñoz Mazuera

