Durante un acto del programa ‘Erradicar para la Paz’ en el corregimiento de Llorente, Tumaco (Nariño), el presidente Gustavo Petro anticipó los principales temas que llevará a su reunión con Donald Trump, prevista para el 3 de febrero, usando una metáfora ambiental para marcar distancia con la política de guerra. Petro afirmó que no irá a hablar de misiles, sino de “bombardear la tierra con semillas”, como símbolo de una estrategia basada en la vida, la reforestación y el desarrollo productivo, y pidió que estos proyectos tengan verificación científica.
El mensaje se dio en el contexto del anuncio de la entrega de 2.835 hectáreas erradicadas para la siembra de alimentos en Tumaco, un proceso que beneficiaría a 2.225 familias, con participación de seis Consejos Comunitarios y dos resguardos indígenas. Las tierras, entregadas por la Agencia Nacional de Tierras, hacen parte de una transición productiva con cultivos como cacao, limón y palma de aceite, en reemplazo de economías ilegales.
Petro insistió en su visión de seguridad humana, que —según dijo— no se mide por el número de muertos, en contraste con la lógica de la antigua “seguridad democrática”, que evaluaba resultados por conteos de bajas. Para el mandatario, la seguridad debe centrarse en preservar la vida y transformar los territorios, no en aumentar cifras de muerte.
En su intervención, el presidente se refirió a la situación de violencia en Nariño, el Pacífico y a la comunidad indígena Awá, señalando que la devolución de tierras es una forma de reparación y reconocimiento de derechos para comunidades históricamente golpeadas por la violencia y el despojo. Afirmó que cambiar la lógica que expulsó poblaciones y promovió la colonización de la selva permitiría construir una nación distinta, basada en lo que llamó “sembradores de vida”.
Uno de los ejes centrales del discurso fue la defensa de la sustitución voluntaria de cultivos frente a la erradicación forzada. Petro sostuvo que, contrario a lo que se repite en el debate público, la evidencia muestra que cada vez que se impone la erradicación forzada, aumentan los cultivos de coca, mientras que con la sustitución voluntaria estos disminuyen. En ese marco, criticó al gobierno de Iván Duque, señalando que durante ese periodo crecieron los cultivos ilícitos pese a reportes oficiales de 130 mil hectáreas erradicadas, cifra que —según dijo— no coincide con los registros satelitales.
El presidente cuestionó los costos humanos y económicos de esa política: gasto en combustible, pago de jornales, uso de glifosato y personas heridas o mutiladas por minas antipersonales. Por ello, pidió a los órganos de control investigar y anunció que invitará a un congresista republicano para revisar esa información.
En materia regional, Petro afirmó que la política de su gobierno ha sido tan efectiva que estructuras del narcotráfico están migrando hacia Ecuador. Dijo que no celebra esa situación y ofreció la experiencia colombiana para evitar que ese país repita errores del pasado. Planteó interrogantes sobre el papel del sistema financiero y los puertos en el lavado de dinero y el tráfico de drogas, y advirtió sobre el riesgo del fentanilo. En ese sentido, impartió una orden a la fuerza pública para impedir el ingreso de insumos de fentanilo por puertos o fronteras, asegurando que Colombia no puede convertirse en país de tránsito de esa sustancia.
Hacia el cierre, el mandatario habló de una estrategia integral para Nariño, basada en reforestación, pagos por cuidado de la selva y economías legales ligadas a productos amazónicos, mencionando el programa Renacer. Reiteró su consigna de “bombardear con vida”, usando semillas en lugar de explosivos, y convocó a una alianza entre campesinos, comunidades indígenas, población afrodescendiente y el Estado.
Finalmente, Petro anunció metas concretas de erradicación voluntaria, con el compromiso de 15 mil hectáreas en Nariño, 1.500 de ellas en ese punto específico, insistiendo en que el proceso debe ser medido y verificado, y que se hará por decisión de las comunidades, no por imposición. Recordó su reciente conversación telefónica con Trump y aseguró que ese diálogo le permitió “ganar tiempo” para Colombia, como una oportunidad para definir un camino propio como nación, centrado —según dijo— en la paz y la vida.




