Vladimir Putin… ¿Ángel o demonio?

Nicolás Escobar Bejarano

Mientras escribo esta columna de opinión, la comunidad internacional se prepara para anunciar fuertes sanciones contra Rusia quien ha dado mucho de qué hablar en este inicio de año.

La Unión Europea (UE), aseguró que la decisión antes referida afectará a los bancos que financian las operaciones militares en los territorios separatistas. A esta iniciativa se sumó la semana pasada Reino Unido, al sancionar a cinco bancos y tres oligarcas rusos.

Sin embargo, la pregunta que todo el mundo se hace es ¿Qué esta pasando entre Rusia y Ucrania? Bueno, para responder a esto tenemos que empezar por clavar la mirada en la figura de Vladimir Vladimirovich Putin, quien se ha caracterizado por despreciar a los gobiernos que apoyan o ejercen la democracia liberal -¡qué tiemble Iván Duque!-; siendo así las cosas el concepto de “democracia” que manejan países como Estados Unidos y Japón, le aborrecen totalmente al excéntrico mandatario, quien ha permanecido en el poder los últimos 10 años.

 

«Putin (un gran nostálgico del imperio soviético), quiere dominar de nuevo a Ucrania, un país que sueña con una república que le garantice su independencia».

 

No es que Putin se junte con la izquierda como muchos han creído sino que se trata de un tipo que hace alianzas económicas y militares con países donde reinan las autocracias, para la muestra un botón, es decir, Nicaragua (cuyo dictador es Daniel Ortega), Venezuela (Nicolás Maduro) y recientemente Argentina (Con el nostálgico peronista de Alberto Fernández).

Lo cierto es que, detrás de ese anciano bonachón de cara redonda, que es Putin, se esconde un criminal peligroso de élite; consideremos la historia de Alexander Litvinenko, el exoficial del FSR (servicios secretos rusos que reemplazaron a la KGB soviética), quien fue perseguido hasta Gran Bretaña en donde una vez recibió el asilo político y la nacionalidad fue envenenado con Polonio-210 (un veneno tan tóxico que basta un gramo para matar a 50 millones de personas).

El asunto con Ucrania es simple, su pecado es querer emplear un modelo democrático como lo tienen sus vecinos Polonia y Hungría, sin embargo, Putin insiste en restaurar el desgastado modelo de dominación implantado en dicho país cuando hizo parte de la república soviética; cabe hacer el ejercicio de memoria para recordar que Stalin prohibió la lengua ucraniana. Así, las cosas y en términos sencillos Putin (un gran nostálgico del imperio soviético), quiere dominar de nuevo a Ucrania, un país que sueña con una república que le garantice su independencia.

Por: Nicolás Escobar Bejarano

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