La candidatura de Alejandra Abásolo se ha caracterizado por una alta presencia en redes sociales y un posicionamiento constante en temas ambientales y sociales. En las últimas elecciones legislativas, el Partido Verde en Nariño mostró un crecimiento moderado en votación urbana, especialmente en Pasto, pero con debilidades persistentes en zonas rurales, donde se define buena parte del resultado.
El reciente debate sobre la existencia de cuentas falsas o bots que interactúan con su contenido refleja, más que un simple escándalo digital, una estrategia de amplificación de imagen. Esto indica una campaña preocupada por el posicionamiento simbólico, por instalar la idea de fortaleza. Sin embargo, en términos electorales, la interacción artificial no se traduce automáticamente en votos reales. La experiencia muestra que “likes” sin estructura territorial rara vez se convierten en respaldo en las urnas.
Abásolo conserva un nicho sólido entre jóvenes urbanos y sectores ambientalistas, pero su reto sigue siendo expandirse hacia corregimientos y municipios intermedios. Su votación potencial depende menos del impacto virtual y más de su capacidad para articular liderazgos locales. Hoy, su aspiración es competitiva, pero aún frágil frente a candidaturas con mayor maquinaria.




