El corredor vial que conecta a Barranquilla, Ciénaga y Santa Marta entró en una nueva etapa con el comienzo de las obras de un viaducto de aproximadamente cinco kilómetros en el kilómetro 19 de la carretera Ciénaga-Barranquilla, uno de los puntos más afectados por la erosión costera en el Caribe colombiano.
El inicio de los trabajos fue anunciado el 3 de septiembre de 2026 por el Ministerio de Transporte y el Instituto Nacional de Vías (Invías), dentro del proyecto denominado Vía Milagro, una intervención que pretende combinar la ampliación de la infraestructura vial con la recuperación ambiental de la Ciénaga Grande de Santa Marta.
La nueva estructura será construida en doble calzada y busca reducir la exposición directa de la carretera a la acción del mar, al tiempo que permitirá avanzar en la recuperación de la conectividad natural entre el Caribe y los ecosistemas de la zona.
El proyecto adquiere especial relevancia porque la carretera existente se encuentra en una franja particularmente vulnerable: por un lado está el mar Caribe y por el otro se encuentran humedales y cuerpos de agua vinculados con la Ciénaga Grande de Santa Marta.
Una carretera constantemente amenazada por el mar
La erosión costera se ha convertido durante años en uno de los principales problemas para la carretera que comunica a Barranquilla con Ciénaga y, posteriormente, con Santa Marta.
El fenómeno ocurre cuando las dinámicas del oleaje, las corrientes y otros procesos costeros provocan la pérdida progresiva de sedimentos y modifican la línea de costa. Cuando una carretera está construida demasiado cerca del mar, el retroceso de la costa puede terminar afectando directamente los terrenos sobre los cuales se encuentra la infraestructura.
Eso es precisamente lo que ha ocurrido en distintos puntos de la vía Ciénaga-Barranquilla.
En junio de 2026, Invías tuvo que atender una emergencia por erosión costera entre los kilómetros 18 y 19, una muestra de la presión que enfrenta esta infraestructura.
La situación ha obligado durante años a ejecutar obras de protección y mantenimiento para evitar que el avance del mar comprometa la circulación de vehículos.
Sin embargo, el nuevo proyecto plantea una solución diferente: elevar la carretera mediante un viaducto en lugar de mantenerla directamente sobre la franja costera más vulnerable.
El primer viaducto tendrá cerca de cinco kilómetros
El primer frente de la denominada Vía Milagro comenzó en el kilómetro 19, donde Invías inició la construcción de un viaducto de aproximadamente cinco kilómetros de longitud y doble calzada.
La estructura estará ubicada precisamente en uno de los sectores donde la erosión costera ha representado mayores dificultades para la carretera.
De acuerdo con el Ministerio de Transporte, el viaducto permitirá proteger el tramo frente al avance de la erosión y mejorar las condiciones de seguridad y conectividad del corredor.
Los primeros trabajos corresponden a la fase de construcción de la estructura y ya se reportó la instalación de los primeros pilotes, elementos fundamentales para soportar posteriormente la infraestructura elevada.
La diferencia frente a una carretera convencional es fundamental: en lugar de depender únicamente de barreras de roca u otras estructuras de protección frente al mar, el viaducto permitirá que la vía se mantenga elevada sobre el territorio vulnerable.
La obra no busca únicamente proteger la carretera
Uno de los aspectos más importantes del proyecto es que la intervención no fue planteada exclusivamente como una obra de transporte.
La Vía Milagro pretende combinar lo que el Gobierno denomina infraestructura gris y verde. La primera corresponde a las estructuras y obras de ingeniería necesarias para garantizar la movilidad, mientras que la segunda comprende las acciones destinadas a recuperar y proteger los ecosistemas.
El Ministerio de Transporte señala que el proyecto contempla medidas para recuperar la relación natural entre el mar Caribe y la Ciénaga Grande de Santa Marta, además de acciones relacionadas con la restauración de manglares y la protección de la biodiversidad.
Esto resulta especialmente importante porque la carretera existente ha funcionado durante décadas como una barrera física dentro de un territorio caracterizado por la interacción entre agua dulce y agua salada.
La intención es que la nueva infraestructura reduzca esa afectación y permita recuperar parte de la dinámica hídrica natural del ecosistema.
La Ciénaga Grande de Santa Marta, en el centro del proyecto
La Ciénaga Grande de Santa Marta es uno de los ecosistemas más importantes del Caribe colombiano y constituye un territorio ambientalmente sensible.
Por esta razón, la construcción de infraestructura en la zona requiere considerar no solamente las necesidades de movilidad, sino también los efectos sobre los manglares, los cuerpos de agua y la fauna.
La intervención cuenta con antecedentes ambientales importantes. En agosto de 2025, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) autorizó la construcción de dos viaductos en el corredor Ciénaga-Barranquilla mediante la Resolución 001734 del 21 de agosto de ese año.
El proyecto autorizado contempla un viaducto de aproximadamente cinco kilómetros y otro de tres kilómetros, como parte de la solución para enfrentar los problemas de erosión en este corredor.
Por tanto, el inicio de las obras de 2026 no representa una decisión aislada, sino la materialización de un proyecto que llevaba varios años en proceso de estructuración, estudios, licenciamiento y contratación.
¿Por qué construir un viaducto en lugar de simplemente reforzar la carretera?
La diferencia está en la forma de enfrentar el problema.
Las obras tradicionales de protección costera pueden utilizar grandes rocas, estructuras de contención y otras soluciones para intentar impedir que el mar alcance directamente la carretera.
Estas medidas pueden ser necesarias para atender emergencias y proteger temporalmente determinados sectores. De hecho, Invías ha ejecutado intervenciones de este tipo en el corredor.
Pero cuando la erosión continúa avanzando, mantener la carretera exactamente en el mismo lugar puede convertirse en una estrategia cada vez más costosa y vulnerable.
El viaducto busca cambiar esa relación entre carretera y territorio.
Al elevar la vía sobre pilotes, la infraestructura queda menos expuesta a la pérdida de terreno costero. Además, el diseño pretende permitir una mayor continuidad de los flujos de agua en el ecosistema.
En otras palabras, la obra busca proteger simultáneamente la movilidad y reducir la presión que la infraestructura existente ejerce sobre el sistema natural.
Una apuesta por la doble calzada entre Barranquilla y Santa Marta
El viaducto del kilómetro 19 forma parte de una intervención mucho más amplia.
La denominada Vía Milagro busca consolidar la conexión en doble calzada entre Barranquilla y Santa Marta, un corredor estratégico para el transporte de pasajeros y mercancías en la región Caribe.
El Ministerio de Transporte señala que el proyecto pretende mejorar la movilidad regional y fortalecer las condiciones para actividades económicas desarrolladas en el entorno de la Ciénaga Grande, entre ellas la pesca y el turismo.
La importancia de la carretera va más allá del transporte entre dos ciudades.
El corredor permite conectar zonas portuarias, centros urbanos, áreas productivas y destinos turísticos del Caribe colombiano. Por ello, cualquier afectación prolongada sobre la vía puede tener consecuencias económicas para una región mucho más amplia.
La Cámara Colombiana de Infraestructura también ha señalado la importancia logística del proyecto y estimó que la intervención general contempla cerca de 49,92 kilómetros de doble calzada.
El proyecto contempla más de un viaducto
Aunque el inicio de septiembre de 2026 corresponde al viaducto del kilómetro 19, el proyecto ambiental aprobado anteriormente contempla una segunda estructura de aproximadamente tres kilómetros.
Esto significa que la intervención no se limita a solucionar un único punto de erosión.
La estrategia busca intervenir diferentes sectores críticos del corredor mediante infraestructura que permita mantener la conectividad vial sin continuar exponiendo la carretera directamente a los procesos de erosión costera.
El objetivo final es que la carretera deje de depender exclusivamente de soluciones de emergencia cada vez que el mar se acerca a la calzada.
Un proyecto con impacto ambiental y económico
Uno de los principales argumentos detrás de la Vía Milagro es que la recuperación ambiental y la infraestructura vial pueden desarrollarse de manera simultánea.
Desde el Gobierno se plantea que una mejor conexión vial puede favorecer a las comunidades que habitan alrededor de la Ciénaga Grande.
Entre los potenciales beneficios mencionados se encuentran un mejor acceso a mercados, mejores condiciones para la actividad pesquera, impulso al turismo y nuevas oportunidades económicas para las familias de la zona.
La recuperación de los ecosistemas también tiene una dimensión económica.
Los manglares y humedales cumplen funciones importantes para las comunidades costeras, entre ellas la protección natural frente a fenómenos marítimos y el sostenimiento de especies que forman parte de las actividades pesqueras.
Por ello, el proyecto pretende que la recuperación ambiental no sea un elemento secundario de la obra, sino una parte integral de su funcionamiento.
El reto ambiental será tan importante como el de ingeniería
La construcción de un viaducto de varios kilómetros en un ecosistema tan sensible representa un desafío considerable.
No basta con levantar una estructura capaz de soportar el tráfico. También será necesario garantizar que los trabajos de construcción y posteriormente la operación de la carretera no generen nuevos impactos significativos sobre los humedales y los manglares.
Por esa razón, el proyecto involucra al Ministerio de Transporte, Ministerio de Ambiente, ANLA, Invías, Gobernación del Magdalena, contratistas e interventores, quienes han participado en mesas técnicas para coordinar los aspectos de la intervención.
El Gobierno ha insistido en que la obra debe desarrollarse bajo un modelo que combine infraestructura y recuperación ambiental.
¿Qué cambia para los viajeros?
Cuando la intervención esté concluida, la intención es que los conductores encuentren una vía con mejores condiciones de seguridad y continuidad.
El viaducto permitirá superar uno de los puntos más vulnerables del corredor sin depender exclusivamente de la estabilidad de la franja costera.
Además, la construcción de la doble calzada permitirá separar los sentidos de circulación, lo que puede mejorar las condiciones de operación de la carretera y reducir conflictos asociados al tránsito en una vía de alto flujo.
No obstante, mientras las obras estén en ejecución, los usuarios deberán estar atentos a las modificaciones que puedan producirse en la circulación y a las instrucciones de las autoridades de tránsito.
Un proyecto que busca anticiparse al avance del cambio climático
La erosión costera no es un problema exclusivo de Colombia. Las zonas costeras de todo el mundo enfrentan presiones derivadas de la dinámica marina, la transformación de los ecosistemas y el cambio climático.
En este contexto, construir infraestructura que tenga en cuenta el comportamiento futuro de la costa resulta cada vez más importante.
En el caso de la carretera Barranquilla-Ciénaga, la situación es particularmente compleja porque la vía se encuentra entre dos sistemas que deben permanecer conectados: el mar Caribe y la Ciénaga Grande de Santa Marta.
Por eso, el desafío consiste en encontrar un punto de equilibrio entre la necesidad de mantener una conexión vial estratégica y la obligación de reducir la alteración del ecosistema.
El inicio de una obra esperada durante años
El comienzo de los trabajos en el kilómetro 19 representa un cambio importante frente a años de intervenciones enfocadas principalmente en atender los efectos inmediatos de la erosión.
Ahora la apuesta es construir una infraestructura de largo plazo.
El Ministerio de Transporte calificó la Vía Milagro como un corredor estratégico para la movilidad y el desarrollo del Caribe, mientras que Invías ya inició el frente de construcción del viaducto de aproximadamente cinco kilómetros.
La obra deberá demostrar que es posible proteger una carretera fundamental para la economía regional sin profundizar los problemas ambientales que durante décadas han afectado a la Ciénaga Grande.
En ese sentido, el viaducto Barranquilla-Santa Marta —más precisamente, el viaducto del kilómetro 19 del corredor Ciénaga-Barranquilla— no es únicamente una obra de concreto y acero. Representa el intento de adaptar una de las principales conexiones del Caribe colombiano a un territorio donde la movilidad, la erosión y la conservación ambiental están estrechamente relacionadas.
Con el inicio de las obras en septiembre de 2026, la Vía Milagro entra finalmente en una etapa visible de construcción. El verdadero desafío ahora será completar la infraestructura y demostrar que la nueva solución puede garantizar durante décadas la conexión entre Barranquilla y Santa Marta, mientras contribuye a recuperar la dinámica natural de uno de los ecosistemas más importantes de Colombia.

