La inconformidad en la vereda El Chorrito en Tibasosa, dejó de ser un reclamo aislado para convertirse en una denuncia colectiva cargada de frustración. Habitantes del sector aseguran que la vía principal de acceso, que conecta con Tibasosa y el Puente de la Balsa, se encuentra en condiciones críticas desde hace varios años, sin que ninguna administración haya tomado medidas efectivas para su recuperación.
Lo que más indigna a la comunidad es que, pese a haber radicado solicitudes formales durante más de un año, no han recibido soluciones concretas. Los documentos, aseguran, han pasado de oficina en oficina sin generar acciones reales, mientras la vía continúa deteriorándose con el paso del tiempo y el impacto de las lluvias.
El panorama es preocupante. Durante la temporada seca, el polvo afecta a viviendas y negocios cercanos, mientras que en época de lluvias el tramo se convierte en un barrial que dificulta completamente el tránsito. Vehículos particulares, motocicletas e incluso bicicletas enfrentan serios problemas para movilizarse, afectando la dinámica diaria de una comunidad que depende de esta conexión.
A pesar de estas dificultades, el sector ha ganado reconocimiento como un espacio frecuentado por deportistas y visitantes. Caminantes, ciclistas y familias llegan a la zona en busca de esparcimiento, pero se encuentran con una vía que proyecta abandono. “Es triste ver cómo un lugar con tanto potencial tiene una entrada en tan malas condiciones”, afirman los residentes.
La situación se agrava con el constante paso de tractomulas, que incrementa el deterioro del terreno y pone en riesgo a quienes intentan salir hacia la vía principal. Los habitantes denuncian que el tiempo del semáforo es insuficiente, lo que obliga a maniobras peligrosas en medio del tráfico pesado. “Aquí salir es un peligro diario”, aseguran.
El malestar también apunta a la clase política. Según la comunidad, en épocas electorales el sector se llena de candidatos de distintas corrientes, quienes recorren la zona en busca de votos, pero luego desaparecen sin cumplir sus promesas. “Nos visitan todos, pero nadie responde cuando se necesita”, expresan con indignación.
Además, señalan que otras zonas del municipio sí han recibido inversiones importantes en infraestructura, mientras este tramo sigue en el olvido, lo que genera una sensación de desigualdad y abandono institucional. “Para otras cosas sí hay recursos, pero para esto, que es básico, nunca hay nada”, cuestionan.
Los habitantes recalcan que no están pidiendo obras millonarias, sino soluciones mínimas que mejoren la transitabilidad, como la aplicación de material fresado o intervenciones temporales que reduzcan el impacto del deterioro mientras se gestiona una solución definitiva.
El llamado es urgente a la alcaldía municipal para que tome cartas en el asunto. La comunidad exige presencia institucional, voluntad política y acciones inmediatas que permitan recuperar esta vía clave. Mientras tanto, la paciencia se agota y el riesgo aumenta.



