Por Mauricio Fernando Muñoz Mazuera
En las próximas elecciones, en las que los colombianos podremos escoger a los nuevos miembros del Congreso de la República, realmente los nariñenses nos vemos abocados a elegir lo menos peor. Algunos pensarán que esta es una frase exageradamente lapidaria, pero, por desgracia, es absolutamente real. De los representantes que hoy ocupan curules en la Cámara, ninguno se salva por el trabajo realizado durante los cuatro años en los que han ejercido su labor. Por su parte, quienes están en el Senado han desarrollado una gestión paupérrima que, lastimosamente, ha dejado muy mal parado a nuestro departamento.
Resulta inaudito que cierta senadora, nacida en el municipio de Guitarrilla, vuelva a lanzar su nombre para alcanzar una curul en el Congreso Nacional y, aún más grave, que haya personas que respalden su candidatura. Se trata de una senadora que actuó siempre en favor de sus intereses particulares, colocando el bienestar individual por encima del colectivo, y que ahora pretende mostrarse como una mujer comprometida, cercana a la gente y con una supuesta gestión ejemplar en el Congreso. Esto no hace más que confirmar lo que desde esta tribuna he señalado en repetidas ocasiones: los colombianos tenemos los dirigentes que nos merecemos. Somos un pueblo sin memoria a la hora de elegir y, en muchas ocasiones, terminamos inclinándonos por el mejor postor.
A finales del año 2025 se inauguraron las obras de mejoramiento del Salón Comunal del barrio Miraflores Primera Etapa. Para sorpresa de muchos, durante el acto protocolario uno de los dirigentes comunales salió a vociferar a los cuatro vientos que dicha obra se había realizado gracias al apoyo de la doctora Benavides, senadora del Partido Conservador. Sin pudor alguno, afirmó: “No me importa que me graben, pero aquí tenemos a las personas que van a votar a su favor”.
No podemos pasar por alto que la citación a este encuentro estuvo amañada con la entrega de bonos y regalos, cuyo destino político era más que evidente. Como dice el refrán: cuando el río suena, piedras lleva.
La misma senadora que se opone a un salario digno para los trabajadores, sí avala la entrega de bonos y apoyos asistencialistas que buscan asegurar su reelección. Es decir, lo que beneficia a su proyecto político es válido, pero lo que favorece a toda la ciudadanía resulta inaceptable.
¿Cómo creerle a una persona que en su propia tierra no es querida? ¿Cómo confiar en alguien que no gestiona por su municipio, al punto de que los mismos habitantes de Guaitarilla, mediante mingas, han tenido que buscar soluciones para mejorar vías abandonadas por el Estado desde hace años, pese a que una “hija de la región” ha ocupado por largo tiempo una curul en el Congreso?
Es evidente que quien llega con artimañas nunca legislará en favor del pueblo. Por el contrario, seguirá buscando su beneficio personal, como ya ha quedado demostrado.
Regresando al tema del Barrio Miraflores, señores de la Secretaría de Desarrollo Comunitario de Pasto, es urgente una investigación por lo ocurrido en la inauguración del salón comunal. No se trata de un hecho aislado: hay denuncias de apropiación indebida de escenarios deportivos, manejos poco diáfanos de recursos y una dirigencia comunal que ha perdido legitimidad ante su propia comunidad. Dejemos a un lado los reinaditos. Esto no es Cartagena, es Pasto, y aquí se necesita trabajo serio y compromiso real con la gente. De lo contrario, seguiremos sosteniendo a los vivos de siempre, esos que llegan al poder aprovechándose del bobo.




