Carlos Santa María

Venezuela: ¿es válida la acusación de fraude?

Por: Carlos Santamaría

¿Por qué la elección presidencial concita tantas miradas e interferencias ilegales foráneas?

La razón es clara: posee el mayor depósito de petróleo en el mundo, es el quinto en gas, tiene oro y coltán, el mineral utilizado en el campo militar especializado y tecnológico, entre otras, lo que significa un negocio inverosímil por las ganancias que proporcionaría a una transnacional o a un gobierno neoliberal.  Apoderarse de ello le ha resultado difícil a países que son especialistas en robar a otros aprovechando a las élites de esas naciones dispuestas a recibir “beneficios” si favorecen esos intereses.

Por tanto, la votación presidencial no fue ajena a una batalla por el poder soberano o la renuncia obligada, lo que llevó luego de ser reelecto el mandatario Nicolás Maduro a una operación internacional para declarar fraude basado en dos “encuestadoras” antes de entregar los datos el Consejo Nacional Electoral, único autorizado para esta tarea.

Desde antes de cerrarse las urnas la oposición informó que habían ganado, entrevistando “a boca de urna” como prueba reina del triunfo. La primera, Edison Research, es una empresa ligada directamente al programa de “La Voz de América”, auspiciada por la CIA, para organizar golpes militares y desestabilización en naciones desobedientes, dando cifras absurdas y sin sentido. La otra corresponde a un consorcio llamado Meganálisis que ha dado siempre datos absurdos como, por ejemplo, cuando la oposición no quiso postular manifestó que el 70% no votaría y Maduro obtendría el 16%, resultando 46% de participación y obteniendo el mandatario 67% de los sufragios (1). Actualmente sin reconocimiento como encuestadora, ni presentar las actas que se habían mencionado, son un posible fraude. Al día de hoy, ya detenida la violencia callejera, existe un presidente constitucional reelegido, unas fuerzas armadas comprometidas con el gobierno popular, un inmenso sector acompañando a Nicolás Maduro y una oposición mediática que intenta subvertir la sociedad y no logrará su cometido. Todo ha quedado consumado, independiente de la matriz desestabilizadora, hasta que las actas hablen.

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