La crisis migratoria venezolana, que ya suma más de 7.8 millones de personas en la diáspora, parece haber entrado en una fase de resignación. A pesar de la caída de la cúpula madurista, el «ajuste estratégico del poder» liderado por los hermanos Rodríguez (Delcy y Jorge) ha congelado las expectativas de un retorno masivo de talento y familias.
El costo humano del exilio
Para migrantes en España y México, la «normalización» que intenta proyectar el gobierno venezolano es insuficiente. Manuel de la Cruz, residente en Valencia (España), afirma que Venezuela necesita una «ruptura total» con los funcionarios del régimen actual, algo que ve lejano. «Es evidente que tienen un afán de colaborar con Estados Unidos, pero es para salvarse ellos», comenta.
Esta percepción se refuerza con los datos del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, que indican que la integración de los 2.8 millones de venezolanos en Colombia es cada vez más permanente debido a la falta de confianza en las instituciones de su país de origen.
¿Hacia dónde va Venezuela?
El escenario actual es descrito por expertos del Economist Intelligence Unit (EIU) como un intento de administrar la crisis sin desmontar el aparato de poder. Mientras la cúpula militar se reajusta y las relaciones diplomáticas con Washington se restablecen tras seis años de ruptura, la población civil sigue esperando lo que consideran el único camino real hacia el cambio: elecciones libres y transparentes. Sin ese horizonte, la «Venezuela de antes» que muchos extrañan seguirá siendo un recuerdo lejano en ciudades como Doral o Bogotá.




