La comunidad del sector vive entre el miedo y la indignación ante el creciente número de robos y la presencia de microtráfico en sus calles. Según el líder comunitario Andrea Díaz, varias esquinas y parques se han convertido en puntos de concentración de grupos que, presuntamente, se dedican a la venta de drogas y la comisión de atracos, especialmente durante las noches.
“Nos sentimos abandonados por las autoridades. Cada día la inseguridad crece más, y nuestras familias y jóvenes están en riesgo”, expresó Díaz, quien aseguró que los residentes ya no saben cómo protegerse de la delincuencia que afecta la vida cotidiana.
Los vecinos denuncian que los delincuentes actúan de manera cada vez más audaz, aprovechando la oscuridad y la falta de patrullaje constante, lo que ha generado alarma social y temor en la comunidad. Adultos mayores, estudiantes y comerciantes aseguran sentirse vulnerables incluso en espacios públicos cercanos a sus viviendas, donde antes podían transitar con tranquilidad.
Ante esta situación, los residentes hacen un llamado urgente a las autoridades locales y policiales para intensificar los operativos de control, patrullaje y vigilancia en la zona. “No pedimos imposibles, solo que se garanticen nuestras vidas y la seguridad de nuestros hijos. Queremos caminar por nuestras calles sin miedo”, añadió Díaz. Los expertos en seguridad destacan que la combinación de microtráfico y atracos callejeros no solo afecta la percepción de seguridad de la comunidad, sino que también puede impactar negativamente la economía local y la cohesión social. Según estudios recientes, los barrios que sufren de estas problemáticas reportan una menor participación ciudadana y desconfianza hacia las instituciones, lo que perpetúa la sensación de abandono.



