Carlos Gallardo
Hoy, todos los corazones colombianos laten con fuerza y esperanza. Nuestra selección Colombia debuta en la Copa América, y no es un debut cualquiera. Es un inicio cargado de sueños, de deseos fervientes de ver a nuestros jugadores levantar el trofeo después de 23 años de espera. La única vez que logramos esa hazaña fue en 2001, cuando la Copa se organizó en casa. Ahora, la ilusión es tan grande como nuestro majestuoso volcán Galeras.
El fútbol es mucho más que un deporte para nosotros los colombianos, es una pasión que nos une, que nos hace olvidar las diferencias y que nos permite soñar en grande. La ‘Tricolor’ es un reflejo de nuestra identidad, de nuestra capacidad de lucha y de superación. Cada vez que los jugadores salen al campo, llevan consigo no solo su talento, sino también el apoyo incondicional de millones de hinchas que creen en ellos, que confían en que este año, finalmente, volveremos a ser campeones.
La Copa América de 2001 es un recuerdo imborrable. Fue un torneo especial, no solo porque lo ganamos, sino porque lo hicimos en un momento en que el país necesitaba una alegría, una razón para celebrar y sentirse orgulloso. Hoy, la situación no es muy diferente. Tras años de desafíos y dificultades, necesitamos esa chispa de esperanza, ese motivo para reunirnos en torno a una pantalla y gritar Gol con todas nuestras fuerzas.
El equipo actual tiene todo para triunfar. Contamos con jugadores de primer nivel, muchos de ellos estrellas en ligas internacionales., son futbolistas que han demostrado su calidad una y otra vez. Bajo la dirección técnica de un cuerpo técnico comprometido y experimentado, la selección Colombia tiene la capacidad de enfrentar a cualquier rival y salir victoriosa.
Sin embargo, no solo se trata de talento individual. El fútbol es un juego de equipo, y lo que realmente hará la diferencia es la cohesión, la unidad y el espíritu de lucha. Cada partido será una batalla, y cada jugador deberá dar lo mejor de sí. Pero no estarán solos. Cada colombiano, desde el rincón más remoto del país hasta las grandes ciudades, estará apoyándolos, enviándoles energía positiva y confiando en su capacidad para hacer historia.
Este debut en la Copa América es más que un simple juego. Es el comienzo de un sueño que todos compartimos. Es la oportunidad de revivir la gloria de 2001 y de demostrar al mundo que Colombia sigue siendo una potencia futbolística. Es la esperanza de que, al final del torneo, podamos celebrar juntos, abrazarnos y sentir que todos los sacrificios y esfuerzos han valido la pena.
Hoy, más que nunca, necesitamos creer. Creer en nuestros jugadores, en su talento y en su determinación. Creer en la magia del fútbol y en su poder para unirnos y hacernos felices. La Copa América es nuestra, y aunque el camino no será fácil, cada paso que damos nos acerca más a la meta.

