La lucha contra la malaria entró en una nueva etapa con la introducción de la primera vacuna recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) contra esta enfermedad. El proceso comenzó en 2019, cuando Ghana, Kenia y Malawi pusieron en marcha un programa piloto para evaluar el uso de la vacuna RTS,S/AS01 en niños que viven en zonas donde la malaria representa una amenaza importante.
Durante la fase piloto se administraron millones de dosis y más de dos millones de niños fueron alcanzados en los tres países. Los resultados obtenidos posteriormente fueron determinantes para que la OMS recomendara en 2021 una utilización más amplia de la vacuna.
El proceso no se quedó en aquella experiencia inicial. La evidencia obtenida en Ghana, Kenia y Malawi permitió avanzar hacia una expansión de la vacunación contra la malaria en otros países africanos y, posteriormente, hacia la incorporación de una segunda vacuna, R21/Matrix-M, con el objetivo de aumentar el suministro disponible.
Una enfermedad que sigue golpeando con fuerza a África
La malaria es una enfermedad infecciosa causada por parásitos del género Plasmodium y transmitida principalmente por la picadura de mosquitos hembra del género Anopheles. Aunque puede prevenirse y tratarse, continúa representando una de las principales amenazas para la salud infantil en numerosos países africanos.
El principal responsable de las formas más graves de la enfermedad en África es Plasmodium falciparum, el parásito de la malaria más letal y también el más extendido en el continente.
La enfermedad afecta especialmente a los niños pequeños. Por eso, la posibilidad de incorporar una vacuna a las herramientas tradicionales de prevención —como los mosquiteros tratados con insecticida, el control de los mosquitos y el diagnóstico y tratamiento oportunos— fue considerada un avance histórico.
La vacuna, sin embargo, no sustituye las demás medidas de prevención. La estrategia recomendada consiste en combinar la inmunización con las herramientas que ya han demostrado ser útiles para reducir la transmisión y las complicaciones de la enfermedad.
Ghana, Kenia y Malawi fueron los primeros países
El programa piloto conocido como Malaria Vaccine Implementation Programme (MVIP) comenzó en 2019 en zonas seleccionadas de Ghana, Kenia y Malawi.
La iniciativa fue coordinada por la OMS junto con otros socios internacionales y permitió estudiar cómo funcionaba la vacuna en condiciones reales, fuera de los ensayos clínicos.
La importancia del programa iba más allá de comprobar si la vacuna funcionaba. También era necesario determinar si los sistemas sanitarios podían incorporarla a los programas habituales de vacunación infantil, si las comunidades aceptarían las dosis y si la aplicación de varias dosis sería viable.
La experiencia mostró resultados favorables.
Para octubre de 2023, más de seis millones de dosis de RTS,S/AS01 habían sido administradas a más de dos millones de niños en los tres países piloto.
La OMS señaló posteriormente que el programa estuvo asociado con una reducción del 13 % en la mortalidad por todas las causas entre los niños que cumplían los criterios para recibir la vacuna, además de reducciones importantes en los casos graves de malaria y las hospitalizaciones.
El momento histórico de la primera vacuna contra la malaria
La importancia de RTS,S/AS01 radica en que fue la primera vacuna contra la malaria recomendada por la OMS.
En octubre de 2021, después de analizar la evidencia obtenida mediante los programas piloto, la organización recomendó su utilización más amplia en niños que viven en regiones con transmisión moderada o alta de P. falciparum.
La recomendación fue considerada histórica porque el desarrollo de una vacuna contra la malaria había representado uno de los grandes desafíos de la investigación médica durante décadas.
La vacuna fue desarrollada por GSK, con la colaboración de organizaciones como PATH y la OMS durante distintas etapas de su desarrollo y evaluación.
¿Cómo funciona la vacuna RTS,S?
RTS,S está diseñada para generar una respuesta inmunitaria contra una proteína presente en el parásito de la malaria, conocida como proteína circumsporozoítica.
El objetivo es actuar en una etapa temprana del ciclo de infección, antes de que el parásito pueda desarrollarse ampliamente dentro del organismo.
No se trata de una vacuna que garantice una protección absoluta contra cualquier infección de malaria. Su función es reducir el riesgo de enfermedad y, especialmente, de formas graves, por lo que debe utilizarse como parte de una estrategia integral.
La evidencia acumulada también mostró que la vacunación no provocó una disminución en el uso de otras herramientas de prevención, como los mosquiteros tratados con insecticida.
La vacuna requiere varias dosis
Uno de los retos de la estrategia es que RTS,S se administra mediante un esquema de cuatro dosis.
En el programa piloto, la vacunación comenzó aproximadamente a partir de los cinco meses de edad y las dosis posteriores se administraron siguiendo el calendario establecido por los programas nacionales de inmunización.
Esto representa un desafío logístico importante para los sistemas sanitarios, especialmente en comunidades rurales o de difícil acceso.
No basta con conseguir las vacunas y aplicar la primera dosis. Los gobiernos necesitan garantizar que las familias puedan regresar a los centros de salud para completar el esquema.
Experiencias posteriores, particularmente en Camerún, han demostrado que la cobertura puede disminuir considerablemente entre la primera y la cuarta dosis, lo que ha llevado a los sistemas de salud a desarrollar estrategias para mejorar el seguimiento de los niños vacunados.
La expansión dejó atrás la etapa experimental
El éxito del programa piloto permitió que la vacunación contra la malaria comenzara a expandirse progresivamente por África.
En julio de 2023, la OMS, UNICEF y Gavi anunciaron la asignación de 18 millones de dosis de RTS,S para 12 países africanos durante el periodo 2023-2025. Ghana, Kenia y Malawi continuarían recibiendo vacunas, mientras que otros nueve países comenzarían a introducirlas en sus programas de inmunización.
Entre los países que fueron incluidos en aquella expansión estuvieron Benín, Burkina Faso, Burundi, Camerún, República Democrática del Congo, Liberia, Níger, Sierra Leona y Uganda.
En noviembre de 2023, además, comenzaron los primeros envíos destinados a ampliar la vacunación. Una de las primeras entregas importantes fue la llegada de 331.200 dosis a Camerún, mientras otros países se preparaban para iniciar sus propios programas.
Una segunda vacuna amplió las posibilidades
El panorama cambió nuevamente con la llegada de R21/Matrix-M, una segunda vacuna contra la malaria recomendada por la OMS.
En octubre de 2023, la organización recomendó también esta vacuna para prevenir la malaria por P. falciparum en niños que viven en zonas endémicas. La decisión estuvo basada en datos de seguridad, eficacia y estudios realizados en África.
La existencia de dos vacunas es especialmente relevante porque durante los primeros años la oferta de RTS,S era insuficiente para cubrir toda la demanda.
La OMS ha señalado que tanto RTS,S como R21 son herramientas destinadas a prevenir la malaria y que no existe evidencia que permita afirmar que una de las dos sea universalmente superior a la otra. La elección puede depender de factores como disponibilidad, precio y características de los programas nacionales de vacunación.
¿Qué ha ocurrido con la vacunación en África?
La expansión ha sido considerable.
Para 2026, la OMS señala que 25 países africanos con malaria endémica ya ofrecen vacunas contra la enfermedad dentro de sus programas de inmunización infantil o planes nacionales de control de la malaria. En conjunto, estos programas buscan alcanzar a más de 10 millones de niños cada año.
Gavi también informa que, a enero de 2026, 25 países africanos habían introducido la vacuna contra la malaria en sus programas rutinarios de inmunización con su apoyo.
Esto significa que la iniciativa que comenzó como un programa piloto en tres países pasó a convertirse en una estrategia continental de salud pública.
La vacuna no elimina por sí sola la malaria
A pesar de los avances, los especialistas advierten que la vacuna no constituye una solución única.
La malaria continúa requiriendo una combinación de medidas: vacunación, mosquiteros tratados con insecticida, vigilancia epidemiológica, diagnóstico rápido, tratamientos eficaces y control de los mosquitos.
La importancia de esta combinación es todavía mayor en un escenario donde existen problemas como la resistencia de los parásitos a algunos medicamentos y la resistencia de los mosquitos a determinados insecticidas.
Además, el cambio climático puede modificar la distribución y comportamiento de los mosquitos transmisores de enfermedades, aumentando los desafíos para los sistemas sanitarios. La propia OMS ha advertido que los cambios en los patrones climáticos pueden favorecer la expansión de los vectores.
Un avance que ya muestra resultados
La experiencia de Ghana, Kenia y Malawi dejó una de las evidencias más importantes de la vacunación contra la malaria en condiciones reales.
Los datos recopilados durante el programa mostraron que la vacuna podía integrarse en los sistemas habituales de inmunización, que tenía una alta aceptación entre las comunidades y que su utilización podía contribuir a disminuir la enfermedad grave y las muertes infantiles.
Para la OMS, uno de los hallazgos más relevantes fue que la vacuna podía añadir protección a las medidas existentes, en lugar de reemplazarlas.
Así, la distribución inicial de millones de dosis en los tres países no fue simplemente una campaña de vacunación: constituyó una prueba fundamental para determinar si una vacuna contra una de las enfermedades más antiguas y mortales del continente podía funcionar dentro de los sistemas de salud africanos.
Los resultados obtenidos ayudaron a abrir el camino para la expansión posterior y para la incorporación de una segunda vacuna.
Un desafío que continúa
Aunque el desarrollo y despliegue de las vacunas representan un avance histórico, todavía existen obstáculos importantes.
Entre ellos se encuentran la necesidad de mantener una cadena de suministro estable, garantizar el financiamiento de los programas, llegar a comunidades alejadas, completar las cuatro dosis cuando corresponda y mantener las demás intervenciones contra la malaria.
La experiencia reciente también demuestra que disponer de una vacuna no garantiza automáticamente que todos los niños completen el esquema. El seguimiento de las familias y el fortalecimiento de los sistemas de salud son fundamentales.
Aun así, la evolución desde el programa piloto iniciado en 2019 hasta los actuales programas nacionales representa uno de los avances más importantes en la historia de la lucha contra la malaria.
La vacuna no ha eliminado la malaria, pero ha añadido una nueva herramienta capaz de salvar vidas infantiles y de reforzar las estrategias de prevención en algunas de las regiones más afectadas del mundo.


