La vacuna contra el herpes zóster podría ofrecer un beneficio inesperado más allá de prevenir la culebrilla. Dos estudios poblacionales realizados en Gales y Canadá revelan que las personas vacunadas presentan un 20% menos riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes no recibieron la inmunización.
Los hallazgos, basados en el análisis de datos de más de 700.000 personas, abren una nueva línea de investigación sobre el vínculo entre infecciones virales, sistema inmunológico y salud cerebral.
Estudios con más de 700.000 personas
Los investigadores analizaron registros médicos a gran escala para evaluar si existía alguna asociación entre la vacunación contra el herpes zóster y el desarrollo posterior de demencia. En ambos países, los resultados fueron consistentes: quienes recibieron la vacuna mostraron una reducción aproximada del 20% en el riesgo de diagnóstico de demencia durante el periodo de seguimiento.
Este efecto se mantuvo incluso después de ajustar variables como edad, sexo y condiciones médicas preexistentes, lo que fortalece la robustez estadística de los estudios.
Sin embargo, los expertos aclaran que se trata de investigaciones observacionales. Es decir, muestran una correlación significativa, pero no prueban de manera definitiva una relación de causa y efecto.
¿Qué es la vacuna Shingrix?
La vacuna evaluada en los estudios es Shingrix, una vacuna recombinante indicada para prevenir el herpes zóster, enfermedad causada por la reactivación del virus varicela-zóster.
Las autoridades sanitarias recomiendan esta inmunización principalmente en adultos mayores, ya que el riesgo de sufrir complicaciones —como neuralgia posherpética— aumenta con la edad.
Ahora, la posible relación con un menor riesgo de demencia añade un elemento adicional de interés científico.
Posibles explicaciones científicas
Aunque el mecanismo exacto aún no está claro, los investigadores plantean varias hipótesis. En primer lugar, prevenir la reactivación viral podría reducir procesos inflamatorios crónicos asociados con el deterioro cognitivo. La inflamación persistente en el sistema nervioso se ha vinculado previamente con enfermedades neurodegenerativas.
Además, la estimulación del sistema inmunológico que genera la vacuna podría ejercer un efecto protector indirecto sobre el cerebro. Otra teoría sugiere que evitar infecciones recurrentes disminuye el impacto acumulativo del estrés inflamatorio en el organismo.
A pesar de estas hipótesis, los científicos coinciden en que se necesitan ensayos clínicos controlados para confirmar estos posibles mecanismos.
¿Cambian las recomendaciones médicas?
Por ahora, no. Las indicaciones oficiales de Shingrix continúan centradas exclusivamente en la prevención del herpes zóster.
Los especialistas advierten que, aunque la evidencia es sólida y consistente en distintos contextos poblacionales, aún es prematuro modificar guías clínicas o recomendar la vacuna específicamente como estrategia preventiva contra la demencia.
No obstante, los resultados refuerzan la importancia de la vacunación en adultos mayores y abren nuevas perspectivas en la investigación de enfermedades neurodegenerativas.




