El día que Sara Yuliana Zambrano, una joven de apenas 15 años, se preparaba para salir de su casa en el barrio Madrigal de Pasto, probablemente no sabía que su vida jamás volvería a ser la misma. En su corazón, había emoción, como toda niña que empieza a ganarse la vida por sus propios medios, con sueños de salir adelante, de ayudar a su familia, de ser alguien. Nunca imaginó que aquel día se convertiría en la peor pesadilla para ella y sus padres.
Sara había sido invitada, en varias ocasiones, por un hombre llamado Brayan para trabajar en una perfumería clandestina que operaba bajo el nombre de “Romeo y Julieta” en su propio barrio, sin imaginar que detrás de esa invitación se ocultaba un destino cruel. El trabajo no tenía condiciones adecuadas ni ninguna seguridad para los empleados, pero a esa edad, Sara confiaba en las personas que, aparentemente, querían ayudarla. Así comenzó todo.
Desgarrador relato
Pero aquella tarde, cuando ella llegó al lugar, la situación tomó un giro inimaginable. Según el relato de su padre, Wilson Zambrano, todo sucedió rápidamente y sin aviso. Entre las 6:30 y 7:00 de la noche, dos hombres y dos mujeres entraron en el lugar donde trabajaba Sara y, de manera completamente premeditada, rociaron a la joven con alcohol, mientras la hija de la dueña de la perfumería, quien también estaba en el lugar, sufría el mismo destino. A continuación, los atacantes prendieron fuego a las dos. La violencia fue tan brutal que las encerraron en un cuarto y les impidieron salir, dejándolas a merced del fuego que consumía sus cuerpos.
“Aquí hay algo raro”, comenta Wilson, el padre de Sara, con voz firme pero quebrada por el dolor. “Desde el principio he tenido la sensación de que están protegiendo a los culpables. No sé si es por miedo o por qué, pero parece que están jugando con la justicia”.
Angustia
Sara fue rescatada por su madre, quien, al ver el local envuelto en llamas, corrió a socorrerla. “Cuando llegué, mi esposa la bajó envuelta en llamas. Ella ya no sabía si aún respiraba”, relata Wilson, quien no puede contener la angustia al recordar el terror de ese momento.
El destino de Sara fue sellado con la brutalidad de unos “amigos” que, en lugar de cuidarla, decidieron arrebatarle su vida. Tras el rescate, la joven fue trasladada de urgencia al hospital, donde su situación fue crítica. Mientras tanto, la familia Zambrano tuvo que enfrentar una realidad aún más cruel: la empresa, responsable de la perfumería y del sufrimiento de su hija, no ofreció ninguna ayuda económica ni mostró interés por cubrir los gastos médicos. Según Wilson, la perfumería ha permanecido completamente indiferente.
“Lo peor de todo es que, mientras mi hija se está recuperando, luchando por su vida, ellos (la empresa) no han dado ni un solo peso. La gente a veces ayuda, pero nunca es suficiente”, expresa Wilson, con una mirada llena de dolor, impotencia y rabia.

Sufrimiento
Sara, quien hoy se encuentra en el Hospital Universitario de Cali, ha pasado por 71 cirugías. Un número que parece inimaginable para una niña tan joven, que a su corta edad se ve obligada a soportar un sufrimiento indescriptible. Burns en el 80% de su cuerpo, su rostro, su cuerpo, sus extremidades: todas estas son cicatrices que no solo hablan de su dolor físico, sino también del horror y la desesperación que vivió durante las horas posteriores al ataque. La joven no solo lucha por sobrevivir, sino también por recuperar una vida que fue arrancada de manera despiadada.
El padre de Sara, con un pesar profundo, revela que la situación económica de la familia ha sido una de las mayores dificultades tras la tragedia. Los gastos médicos son tan elevados que la familia no ha podido cubrirlos por completo, y a pesar de la solidaridad de la comunidad, el dinero nunca es suficiente. Mientras tanto, los responsables del ataque siguen libres, sin que se haya tomado ninguna medida efectiva por parte de las autoridades. La denuncia fue presentada en la Fiscalía, pero después de casi siete meses, las esperanzas de ver justicia se desvanecen lentamente. “Aquí la justicia no ha llegado. Los culpables siguen libres, como si lo que le hicieron a mi hija no fuera un crimen”, lamenta Wilson.

Investigación
La indignación crece al saber que, según las investigaciones, las cámaras de seguridad y los primeros testimonios apuntan a que los presuntos agresores aún no han sido detenidos. “Papito, ellos fueron los que me quemaron. Entre ellos está Guido, un tal Jaime y Karen, la chica que me llevó al hospital. Ella fue la que me ayudó, pero también estuvo involucrada”, dice Sara, según las palabras de su padre.
Con el paso de los meses, la familia Zambrano ha visto cómo el dolor no solo se refleja en el cuerpo de Sara, sino también en sus corazones. La impotencia de ver cómo el sistema judicial se mueve lentamente y no responde a la magnitud del crimen cometido les ha dejado una sensación de abandono y desesperanza.
La situación de Sara ha dejado una huella indeleble en la familia y en la comunidad. Cada cirugía es un recordatorio de la barbarie de los agresores, cada día que pasa sin que se haga justicia es una nueva herida abierta para Wilson, su esposa y sus hijos. Mientras tanto, el país observa, esperando que se haga justicia, que alguien responda a este acto monstruoso que no solo destruyó el cuerpo de una niña, sino que también destrozó la vida de una familia entera.
Lo que está en juego es mucho más que la vida de Sara: se trata de la justicia, se trata de la seguridad de nuestras niñas, se trata de poner un alto a la violencia de género que sigue cobrando víctimas, día tras día, en toda Colombia. La tragedia de Sara Yuliana Zambrano es un grito urgente de justicia. Un llamado a no permitir que la violencia contra la mujer quede impune, a no dejar que se repita nunca más. La lucha de la familia Zambrano sigue, la esperanza no muere, aunque cada día que pasa sin justicia hace que esa esperanza se diluya un poco más. Mientras tanto, Sara sigue luchando por su vida, luchando por recuperar lo que le arrebataron, luchando por un futuro que, aún hoy, parece lejano.




