Hay lugares que no necesitan mapas para ser reconocidos. Basta con mirar sus colores, recordar sus historias o escuchar las voces de quienes los habitan. Los Andes tienen precisamente esa capacidad: permanecer en la memoria a través de pequeños detalles que, con el paso del tiempo, se convierten en identidad.
Esa memoria encontró una nueva forma de expresarse en Selva Negra, en Pasto, donde la exposición colectiva Sur (Es), Visualidades Andinas, reunió las propuestas de cinco artistas que decidieron mirar hacia el territorio y contar, desde diferentes lenguajes, aquello que muchas veces permanece oculto detrás de lo cotidiano.
Interrogantes
Milena Calpa, Katherine Piaun, Charlie Coral, Alejandro Ramírez y Cristian Galíndrez convirtieron el espacio en un encuentro de colores, imágenes, texturas y símbolos. Sus obras no cuentan una sola historia. Son diferentes maneras de acercarse a una misma pregunta: ¿qué significa ser parte de los Andes?
La respuesta apareció en cada rincón de la exposición. Al recorrerla, los visitantes encontraron rostros, paisajes, recuerdos y elementos que hablan de una tierra marcada por profundas raíces culturales. El territorio dejó de ser simplemente el lugar donde se vive para convertirse en protagonista de una experiencia artística que invitó a observarlo con otros ojos.
Cada artista llegó a Sur (Es) con una manera particular de interpretar el mundo. En esa diversidad estuvo precisamente una de las mayores riquezas de la exposición. Milena Calpa llevó al espacio la fuerza de sus retratos indígenas, poniendo en primer plano rostros y expresiones que hablan de una historia que continúa viva. Sus imágenes permiten encontrarse con quienes han sido parte fundamental de la construcción cultural de los Andes y recordar que detrás de cada rostro existe una historia que merece ser contada.
Perspectiva
Katherine Piaun dirigió su mirada hacia la relación entre las personas y la tierra. En sus propuestas aparece esa conexión profunda con el territorio, una relación que durante generaciones ha unido a las comunidades con los lugares que habitan, cultivan, recorren y protegen.
Desde una perspectiva diferente, Charlie Coral exploró las transformaciones del mundo contemporáneo y las tensiones que surgen cuando las comunidades y sus territorios se enfrentan a nuevas realidades. Su trabajo plantea preguntas sobre aquello que cambia y aquello que, pese al paso del tiempo, se niega a desaparecer. Alejandro Ramírez incorporó otros lenguajes y posibilidades. Sus instalaciones acercaron elementos tradicionales a herramientas y recursos digitales, demostrando que las nuevas tecnologías también pueden convertirse en una manera de reinterpretar las historias y expresiones culturales.



