Un país al alcance de los niños

Edgar Enríquez

Para proteger a los niños y niñas se han establecido una serie de principios que deben ser respetados por los gobiernos y los adultos, como el derecho a la igualdad, sin distinción de raza, religión o nacionalidad. A una protección especial para que puedan crecer física, mental y socialmente sanos y libres.

Además a tener un nombre y una nacionalidad. A una alimentación, vivienda y atención médica adecuadas. A educación y atenciones especiales para los niños física o mentalmente disminuidos. A comprensión y amor por parte de las familias y de la sociedad. A una educación gratuita. A divertirse y jugar. A atención y ayuda preferentes en caso de peligro. A ser protegido contra el abandono y la explotación en el trabajo, entre otros.

Sin embargo, la mayoría quedan en letra muerta porque no se hacen respetar. Por ejemplo, aún no se ha podido erradicar el trabajo infantil, sobre todo de las plazas de mercado.

También son comunes los casos de abusos sexuales contra los menores de edad, el matoneo o bullying y las demandas por alimentos a aquellos padres que no cumplen con su obligación de aportar para su bienestar.

Mientras no se respeten o hagan respetar todos sus derechos los niños seguirán siendo víctimas de los atropellos que todos los días se cometen contra ellos, incluso de los corruptos que se apoderan de los recursos que el Estado invierte en la alimentación escolar.

El Estado y los adultos en general son quienes deben garantizar el bienestar de todos los niños y niñas, evitar que ellos sean utilizados para realizar actividades ilícitas o que les puedan causar daño físico o mental.

Colombia debe estar al alcance de los niños para hacer de este un país mejor, decía Gabriel García Márquez. Asimismo criticaba el modelo de educación conformista porque reprime el derecho a las libertades que tienen ellos sobre el país para que lo transformen y lo engrandezcan.

El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices, decía el escritor irlandés Oscar Wilde. Entonces no los involucremos en los problemas de los adultos ni hacer actividades que no sean acordes a su edad.

Por: Edgar Enríquez.

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