UN FUTURO HUMANO INCIERTO EN UN PLANETA QUE SE DESINSTITUCIONALIZA

Por Ricaurte Losada Valderrama

En la vida del ser humano siempre habrá incertidumbres, pero las actuales son gigantes: guerras, armas nucleares, recalentamiento global, hambre, miseria, migraciones, el multilateralismo en peligro, drogas psicotrópicas en abundancia, debilitamiento de la democracia y los desafíos de la inteligencia artificial, así como de las redes sociales, por citar algunas de las más inquietantes preocupaciones.

Frente a tantos retos, el planeta en vez de institucionalizarse más, se está desinstitucionalizando, acabando conquistas logradas a través de Naciones Unidas y, como consecuencia de ello, y mucho más, la democracia se recorta en vez de ampliarse.

En medio de este oscuro panorama, la primera potencia mundial desconoce con el presidente Trump a la cabeza, las instituciones internacionales y muchas de las nacionales y deja ver la posibilidad de retirase de Naciones Unidas, agravando y de qué manera el desbarajuste institucional, cuando el planeta debiera estar monolíticamente unido para hacerle frente a tantos y agudos problemas globales.

En consecuencia, vuelvo a la tesis expuesta hace años de que el planeta requiere de una autoridad o gobierno mundial que posibilite dar respuestas conjuntas a los más agobiantes problemas globales.

Se necesita entonces que los líderes nacionales entiendan ante todo que deben ceder poder para otorgarlo a una autoridad común, capaz de hacerle frente a los problemas globales y de no solo proponer soluciones, sino de darlas y a tiempo, antes de que sea demasiado tarde, pues lo que está de por medio, de manera esencial, es la supervivencia humana.

Por estas épocas el derecho no es el principal instrumento de las relaciones internacionales, como debiera ser siempre. Predominan el unilateralismo y la guerra. Estamos entonces muy cerca de la tercera guerra mundial.

Frente a tan compleja situación, el actual orden mundial puede definirse como un sistema en transición hacia la multipolaridad, caracterizado por la erosión de la hegemonía estadounidense -de ahí las estrategias de Trump-, el ascenso de China y potencias emergentes, y una fatiga normativa donde las reglas comunes son cuestionadas. Es un escenario inestable de fragmentación geopolítica y alta competencia tecnológica.

Como el orden mundial cambia principalmente a través de la redistribución del poder económico y militar, crisis geopolíticas, avances tecnológicos y cambios en normas ideológicas, menos mal, debido al ascenso de nuevas potencias, en la actualidad el mundo se mueve hacia una estructura multipolar, conveniente por distribuir el poder entre diversos actores que promueve mayor equidad, democracia y justicia en la gobernanza global.

 Pero la estructura también podría ser bipolar -Estados Unidos, China, por el ascenso de esta Nación-, mundo bipolar similar a la guerra fría entre USA y la URSS, defendiendo bloques económicos, tecnológicos y militares opuestos, hecho que puede aumentar las tensiones geopolíticas y reducir la cooperación, en detrimento de las relaciones internacionales y, por ende, del bienestar y del fututo humano.

Entonces, frente a un futuro humano tan incierto y como el planeta está dominado por tres conceptos y hechos fundamentales: la paz como base preferible para las relaciones entre los Estados; la democracia como manera de organizar la vida política, y el mercado libre, como vehículo para producir riqueza, mientras no nos inventemos un esquema mejor, se impone mantener este, haciéndolo más racional y humano.

@ricaurtelosada

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