UN COMPROMISO INELUDIBLE

“Si yo falto al amor o si falto a la justicia, me separo infatigablemente de ti, Dios mío, y mi culto no es más que idolatría (…) “.

                                                                Leonardo Boff

Por: Luis Eduardo Solarte Pastás

Los días de Semana Santa muchas personas los aprovecharon para hacer un alto en su diario transcurrir y de dedicarse a la oración, recogimiento y meditación entorno a sus actitudes y procederes con  la religión que profesan y con sus semejantes. En tanto que otras  los utilizaron con la finalidad de descansar y disfrutar de los más hermosos y diversos sitios turísticos existentes a lo largo y ancho del territorio colombiano. Sea lo uno u lo otro, lo cierto es que se retorna nuevamente a la realidad de un país hastiado de profundos e innumerables problemas y conflictos, pero  en donde la inmensa mayoría de hombres de bien sueñan  con la esperanza de vivir dentro de un contexto de paz con justicia social y equidad.

Con todos los pro y los contras que para creyentes o no creyentes puede tener la vida, pasión y muerte de Jesús, se espera que estos días de la Semana Mayor que concluye hayan servido para  que se hagan firmes propósitos de contribuir a que cesen los odios y los rencores entre  los colombianos, en aras a que no continúe corriendo la sangre de gentes inocentes  por los campos y ciudades de una tierra que sólo parece conocer el hambre, la miseria, el marginamiento  y olvido de sus habitantes.

Sin lugar a dudas, es difícil  imponer  normas de comportamiento y de conducta, máxime cuando cada quien tiene una visión respecto a qué es lo que quiere y desea, porque así lo ordenan  y mandan sus principios personales. Sin embargo,  bajo ninguna circunstancia se puede desconocer  que en cualquier sistema de convivencia social, político y económico deben darse necesariamente unas reglas y preceptos que hagan viable la consecución de objetivos comunes, nobles y altruistas que  conlleven al reconocimiento de la dignidad humana, sin que este de por medio  la discriminación  de raza, sexo, condición sociopolítica y de credos.

 De allí que, sea un compromiso ineludible el de que se respeten esas normas de convivencia, que como en el caso de la Constitución Nacional, se han estipulado con la finalidad de propugnar porque en nuestra Patria  se llegue a  institucionalizar de una vez por todas  una sólida, real y efectiva democracia, capaz de establecer  una auténtica relación de confianza entre los gobernantes y los gobernados para que se luche en forma mancomunada por el progreso y desarrollo que necesita el país y, por ende, nuestro departamento.

En tal sentido, no es mucho pedir que durante estos días de reflexión y recogimiento que hoy se matizan con la Resurrección de Cristo, se haya dado un firme propósito de coadyuvar  a que los colombianos convivamos como unos verdaderos hombres y no como fieras para que así sea factible  abrir la senda del diálogo que conlleve al intercambio humanitario y, por ende, la pacificación de esta  resquebrajada Colombia  que se reclama con suma urgencia.

Que esos buenos propósitos no sean únicamente flor de una día y que siempre estén presentes en la mente y los corazones de un pueblo y que se vean reflejados en su actuación con el objetivo de que por fin logremos decir  un día de estos la democracia ha llegado y esta con todos nosotros y con todas las garantías que le son inherentes…

solarpastas@hotmail.com    

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