La Casa Blanca informó que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, invitará a Washington a Delcy Rodríguez, quien ejerce como presidenta encargada de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro durante una incursión estadounidense en territorio venezolano a comienzos de enero. Aunque la visita aún no tiene fecha definida, el anuncio representa un hecho inédito en la relación bilateral entre ambos países.
Rodríguez evitó pronunciarse directamente sobre la invitación, pero confirmó que su gobierno mantiene un proceso de diálogo con Estados Unidos. En declaraciones realizadas durante una reunión con gobernadores y alcaldes, afirmó que el intercambio se desarrolla “sin temor alguno” y que las diferencias entre ambos países están siendo abordadas “por la vía de la diplomacia”, incluso en los temas más sensibles.
De concretarse el viaje, Delcy Rodríguez se convertiría en la primera gobernante venezolana que realiza una visita oficial a Estados Unidos en más de 25 años, excluyendo participaciones en eventos multilaterales de Naciones Unidas en Nueva York. El gesto marca un giro significativo en una relación que estuvo marcada por sanciones, ruptura diplomática y confrontación directa desde 2019.
La invitación se produce en un contexto de acercamiento personal de Trump hacia el gobierno interino venezolano, especialmente tras el bombardeo a Caracas del 3 de enero y la captura de Maduro. Pese a ello, las sanciones estadounidenses siguen vigentes: Rodríguez continúa incluida en la lista de funcionarios sancionados, lo que implica congelamiento de bienes y restricciones financieras.
Aun con esas limitaciones, Trump ha expresado elogios hacia la conducción actual de Venezuela. Durante su participación en el Foro Económico Mundial de Davos, destacó la “astucia” de los líderes del país y anticipó un escenario de fuerte recuperación económica impulsada por el petróleo, asegurando que Venezuela podría generar en seis meses más ingresos que en las últimas dos décadas.
En el plano económico, el despacho señala que Rodríguez ha firmado acuerdos petroleros y ha aceptado liberar presos políticos mientras se exploran vías para restablecer relaciones diplomáticas rotas desde hace más de seis años. Como parte de estos movimientos, removió a Alex Saab —figura clave del antiguo gobierno de Maduro— del organismo encargado de captar inversiones internacionales, en una señal de apertura hacia un plan impulsado por Trump para permitir el regreso de grandes petroleras estadounidenses a Venezuela. Actualmente, según el informe, Chevron es la única empresa de ese país que opera en territorio venezolano.
Rodríguez también anunció el ingreso de los primeros 300 millones de dólares provenientes de la venta de petróleo venezolano realizada por Estados Unidos. Estos recursos son especialmente relevantes para la economía venezolana, que depende de divisas desde que el dólar se convirtió en moneda de facto en 2018, en medio de una prolongada crisis económica. El embargo petrolero impuesto en 2019 ha dificultado severamente el acceso del país a ingresos por su principal producto de exportación.
Sin embargo, persisten dudas sobre la viabilidad de una recuperación plena de la producción petrolera. La Agencia Internacional de la Energía advirtió sobre las dificultades técnicas y los altos costos asociados a la extracción del crudo extrapesado venezolano, lo que pone en entredicho un retorno rápido a los niveles históricos de producción.
En paralelo al diálogo con el gobierno interino, Trump abrió un frente político adicional al manifestar su intención de “involucrar” a la líder opositora María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz. Este movimiento sugiere que Washington busca mantener canales abiertos tanto con el poder establecido en Miraflores como con la oposición, lo que anticipa tensiones por legitimidad y reparto de poder en un eventual proceso de transición.
En Caracas, el reporte indica que la liberación de presos políticos avanza lentamente: se han registrado unas 150 excarcelaciones, mientras que el número total de detenidos políticos supera los 800. A esto se suma la denuncia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que sostiene que Venezuela mantiene centros de detención clandestinos, una acusación que contrasta con los esfuerzos por normalizar relaciones internacionales y atraer inversiones.
La invitación de Trump a Delcy Rodríguez, aún sin fecha confirmada, constituye un gesto de alto valor simbólico y político, al reconocerla como interlocutora válida del proceso venezolano. La respuesta de la presidenta encargada, al enfatizar el diálogo “sin temor” y la diplomacia como vía de entendimiento, define el tono de una negociación que reconfigura el tablero interno y deja, por ahora, en un segundo plano a la oposición que reclama el derecho a gobernar.




