Treinta años después de la tragedia de 1996 que inspiró el libro Into Thin Air, el Everest sigue siendo una montaña extremadamente peligrosa, pero las amenazas han cambiado de manera significativa.
En mayo de 1996, ocho personas murieron tras quedar atrapadas por una tormenta cerca de la cumbre. La tragedia puso el foco en los riesgos del clima extremo, la toma de decisiones bajo presión y las limitaciones de la tecnología disponible en aquel momento.
Hoy, los sistemas meteorológicos son mucho más precisos, las comunicaciones satelitales son habituales, el equipo de oxígeno ha mejorado y los rescates son más eficaces. Como resultado, la tasa de mortalidad por ascensión es considerablemente menor que hace tres décadas.
Sin embargo, han surgido nuevos riesgos:
Masificación de la montaña
El Everest ha pasado de ser una meta para élites del alpinismo a una industria turística global. En mayo de 2026, un récord de 274 personas alcanzó la cima en un solo día. Las largas filas cerca de la cumbre pueden provocar agotamiento, congelaciones y agotamiento de las reservas de oxígeno.
Escaladores con experiencia limitada
Muchos operadores comerciales ofrecen expediciones a clientes con poca experiencia en alta montaña. Expertos y guías advierten que algunos servicios de bajo costo reducen estándares de seguridad o entrenamiento, aumentando los riesgos para todos los que comparten la ruta.
Impacto del cambio climático
Aunque el clima extremo sigue siendo una amenaza, el calentamiento global está transformando la montaña de formas menos visibles. El deshielo vuelve más inestable la peligrosa Cascada de Hielo de Khumbu, aumenta el riesgo de desprendimientos y modifica las condiciones de las rutas tradicionales. Investigaciones científicas han identificado riesgos emergentes para escaladores y comunidades locales asociados al cambio climático en la región del Everest.
Presión sobre los sherpas
Los sherpas continúan realizando gran parte del trabajo más peligroso: instalar cuerdas, transportar oxígeno y suministros y participar en rescates. Aunque hoy tienen un papel mucho más destacado y lideran gran parte de la industria del Everest, persisten preocupaciones sobre seguros, compensaciones y condiciones laborales.
Un Everest diferente
Quizás el cambio más importante sea que el control de las expediciones ha pasado en gran medida a empresas y guías nepalíes. Los sherpas ya no son vistos solo como porteadores, sino como líderes, empresarios y algunos de los alpinistas más experimentados del planeta.
En resumen, el Everest de 2026 es tecnológicamente más seguro que el de 1996, pero enfrenta desafíos distintos: la sobrepoblación de la ruta, la comercialización del ascenso, la inexperiencia de algunos clientes y los efectos crecientes del cambio climático. Para muchos expertos, la gran amenaza ya no es únicamente una tormenta inesperada, sino la combinación de cientos de personas intentando alcanzar la cima al mismo tiempo.


