Una audaz banda delincuencial que operaba en Bogotá fue desarticulada tras perpetrar un robo millonario utilizando un método poco convencional. Ocho delincuentes fueron capturados tras perforar paredes para hurtar mercancía avaluada en 60 millones de pesos en una operación que evidencia la sofisticación del crimen organizado en la capital y sus alrededores.
El modus operandi de esta organización criminal llamó la atención de las autoridades por su nivel de planificación y audacia. Los delincuentes identificaban establecimientos comerciales contiguos a locales desocupados o en remodelación, especialmente en sectores comerciales de alta actividad. Una vez seleccionado el objetivo, ingresaban al local vacío de manera discreta, generalmente durante horas nocturnas o fines de semana cuando la vigilancia es menor.
Utilizando herramientas especializadas como taladros de alta potencia, cinceles, martillos neumáticos portátiles y equipos de corte, los delincuentes perforaban metódicamente las paredes divisorias, trabajando en sesiones de varias horas para evitar generar sospechas por ruido excesivo. El proceso podía tomar entre 8 y 12 horas dependiendo del grosor y material de la pared, pero les permitía acceder directamente al interior del establecimiento objetivo sin activar alarmas de puertas o ventanas.
La investigación reveló que la banda había perpetrado al menos cinco robos similares en diferentes sectores de Bogotá durante los últimos cuatro meses, acumulando un botín estimado en más de 300 millones de pesos. Entre los establecimientos afectados se encuentran tiendas de electrodomésticos, almacenes de ropa de marca, joyerías y distribuidoras de productos tecnológicos ubicados en sectores como Chapinero, Kennedy, Engativá y el centro de la ciudad.
La captura se produjo tras una operación de inteligencia de varias semanas liderada por el Gaula de la Policía Metropolitana de Bogotá en coordinación con el CTI de la Fiscalía General de la Nación. Los investigadores identificaron patrones comunes en los robos: todos ocurrían en horas de la madrugada, los delincuentes dejaban los locales vacíos prácticamente intactos excepto por el hueco en la pared, y la mercancía sustraída se comercializaba rápidamente en mercados informales de la ciudad.
El operativo final se realizó simultáneamente en ocho ubicaciones diferentes de Bogotá y un municipio de Cundinamarca donde residían los integrantes de la banda. Durante los allanamientos se recuperó mercancía avaluada en aproximadamente 60 millones de pesos incluyendo televisores de alta gama, computadores portátiles, tablets, teléfonos celulares, electrodomésticos y artículos de joyería que aún no habían sido vendidos.
También se incautaron las herramientas utilizadas para perpetrar los robos: tres taladros de percusión de alta potencia marca Bosch y DeWalt, martillos neumáticos portátiles, cinceles de diferentes tamaños, equipos de corte con disco diamantado, linternas frontales LED, guantes especializados y equipos de comunicación tipo walkie-talkie que utilizaban para coordinarse durante los robos.
Las autoridades explicaron que la banda operaba con una estructura jerárquica bien definida. Un líder conocido como «El Arquitecto» se encargaba de identificar los objetivos, estudiar sus horarios de funcionamiento, sistemas de seguridad y evaluar la viabilidad técnica de perforar las paredes. Un segundo grupo conformado por tres personas con experiencia en construcción ejecutaba la perforación, mientras que otros dos integrantes hacían labores de vigilancia externa alertando sobre la presencia de autoridades o personal de seguridad.
Los tres miembros restantes de la organización se encargaban del transporte y comercialización de la mercancía robada. Utilizaban vehículos con placas adulteradas para trasladar los productos hasta bodegas clandestinas donde eran almacenados temporalmente. Posteriormente, comercializaban los artículos a través de redes sociales, grupos de WhatsApp y contactos en plazas de mercado y centros comerciales informales, ofreciendo precios significativamente por debajo del valor comercial para asegurar ventas rápidas.
Los capturados, cuyas edades oscilan entre 22 y 45 años, enfrentan cargos por hurto calificado y agravado, concierto para delinquir y receptación. Algunos de ellos cuentan con antecedentes por delitos similares y estaban en libertad condicional tras haber cumplido condenas previas. Fueron puestos a disposición de un juez de control de garantías quien les dictó medida de aseguramiento en centro carcelario mientras avanzan las investigaciones.




