La mañana del domingo en Greenwood, Mississippi, no trajo el silencio habitual de la nieve, sino el estruendo seco de la madera quebrándose. Chris Dobry, un residente local, describió la escena como un campo de batalla de cristal. Los árboles, incapaces de soportar el peso del hielo acumulado, se partían literalmente por la mitad, arrastrando consigo el tendido eléctrico y bloqueando las rutas de escape.
Esta experiencia no fue aislada. La tormenta invernal que azotó a Estados Unidos en enero de 2026 se ha convertido en uno de los eventos climáticos más devastadores de la década. Con temperaturas que descendieron a niveles árticos en estados acostumbrados al clima templado, la infraestructura del país se vio sometida a una presión sin precedentes.
El impacto en la infraestructura eléctrica
El daño más significativo se concentró en una franja del Sur, donde el hielo volvió resbaladizas las carreteras y cargó las líneas eléctricas hasta su punto de ruptura. En Mississippi y Tennessee, la situación alcanzó niveles críticos. Las autoridades informaron que más de un millón de clientes perdieron el suministro eléctrico en el pico de la tormenta, dejando a familias enteras sin calefacción en medio de un frío brutal.
La física detrás del desastre es simple pero aterradora. Apenas 1,27 cm de hielo acumulado puede añadir hasta 220 kilogramos de peso a los cables de alta tensión. Cuando a esto se le suman ráfagas de viento de hasta 40 km/h, las torres de metal y los postes de madera simplemente ceden, creando un efecto dominó que apaga ciudades enteras en cuestión de segundos.
Una tragedia humana en aumento
El saldo mortal de la tormenta ha superado ya la decena de personas, con informes que llegan de Texas, Luisiana, Tennessee, Pensilvania y Carolina del Sur. Las causas de muerte pintan un cuadro doloroso de la crisis: desde casos severos de hipotermia en personas que quedaron atrapadas en sus hogares, hasta accidentes fatales relacionados con el esfuerzo físico de limpiar la nieve acumulada.
Quizás el informe más desgarrador provino de Bonham, Texas. Tres niños de primaria perdieron la vida tras caer en un estanque congelado que cedió bajo su peso. Este incidente subraya el peligro invisible que representan los cuerpos de agua en estados del sur, donde el hielo rara vez es lo suficientemente grueso como para ser seguro, a pesar de las temperaturas récord.
El colapso del transporte y la educación
El caos se extendió rápidamente a los cielos. Las aerolíneas se vieron obligadas a cancelar más de 11.600 vuelos en un solo día, marcando la mayor interrupción del tráfico aéreo desde el inicio de la pandemia de covid-19. Los aeropuertos desde Dallas hasta Boston se convirtieron en campamentos improvisados para miles de viajeros varados que buscaban desesperadamente una forma de volver a casa.
En tierra, la situación no fue mejor. Los distritos escolares en múltiples estados suspendieron las clases presenciales. Mientras que ciudades como Baltimore optaron por el aprendizaje virtual, otras como Nashville y Memphis cancelaron toda actividad debido a la peligrosidad de las carreteras y los cortes de energía que afectaban tanto a las escuelas como a los hogares de los estudiantes.
Un futuro incierto y gélido
A pesar de los esfuerzos de las cuadrillas de rescate, la recuperación será lenta. En Nashville, el servicio eléctrico advirtió que algunos residentes podrían permanecer sin luz durante una semana completa. El gobernador de Mississippi ha desplegado a la Guardia Nacional para asistir en la logística de distribución de agua y comida, tratando de evitar que el número de víctimas siga aumentando.
Con más de 200 millones de personas bajo alertas de frío extremo, el país enfrenta un final de semana desafiante. Los meteorólogos advierten que, aunque la nieve deje de caer, las temperaturas persistirán en niveles peligrosos, manteniendo el hielo firme sobre las líneas eléctricas y las carreteras, prolongando el sufrimiento de una nación que lucha por recuperar el calor.


