Todo el pueblo colombiano don la fe puesta en su selección 

Colombia paraliza al país entero y millones de corazones laten al mismo ritmo en Seattle

Lo que está viviendo Colombia con este Mundial 2026 va mucho más allá del fútbol. En Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y cada rincón del territorio nacional, el país se detuvo esta tarde para ver a su selección en el partido más importante de los últimos años. Las calles se vaciaron, los centros comerciales apagaron sus pantallas para sintonizar el partido, los colegios y oficinas organizaron pantallas gigantes y millones de colombianos que normalmente no siguen el fútbol con fervor se encontraron de repente pegados a la pantalla con el corazón en la garganta. El fenómeno que Colombia vive en este Mundial tiene una dimensión social que los sociólogos ya comparan con la magia de Italia 1990, cuando la selección llegó a cuartos por primera vez en su historia y un país entero descubrió que el fútbol podía unirnos como pocas cosas en el mundo.

La figura de James Rodríguez concentra buena parte de esa fe colectiva. El volante del Rayo Vallecano llega a Seattle sabiendo que su rendimiento en este Mundial puede ser el cierre perfecto de una carrera extraordinaria que en los últimos años ha estado marcada por las lesiones y los altibajos. Pero más allá de James, lo que más ilusiona a Colombia es que por primera vez en mucho tiempo la selección no depende de un solo jugador: Camilo Vargas es el mejor portero del torneo, Jhon Córdoba llega en racha, Luis Díaz es el desequilibrio más peligroso de cualquier banda, y el colectivo funciona como un reloj suizo. Ironía del destino: hoy Colombia tiene que ganarle precisamente a Suiza para seguir soñando.

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