En Colombia, muchos jóvenes enfrentan dificultades importantes para vincularse al mercado laboral después de graduarse, a pesar de haber terminado su formación educativa. La transición entre la educación y el empleo sigue siendo un “cuello de botella” significativo, marcado por la falta de experiencia, poca conexión con el sector productivo y desigualdades acumuladas desde etapas educativas tempranas.
Las cifras más recientes evidencian esta problemática: la tasa de desempleo entre personas de 18 a 28 años alcanzó el 15,7 %, cifra que supera con creces la media nacional, y más de la mitad de quienes egresan de programas técnicos o tecnológicos no logra conseguir empleo en el primer año tras graduarse. Esto refleja que, para muchos, el título educativo no se traduce automáticamente en oportunidades laborales.
Entre las barreras estructurales que limitan la empleabilidad juvenil están la falta de experiencia laboral real, la ausencia de orientación profesional efectiva y la desconexión entre lo que enseñan las instituciones educativas y lo que requieren las empresas. Además, muchas empresas demandan experiencia incluso para puestos de entrada, lo que dificulta aún más la incorporación de recién graduados.
Para enfrentar este reto, expertos y plataformas de empleo sugieren fortalecer habilidades interpersonales y digitales, promover formación práctica y certificaciones puntuales, y facilitar pasantías o experiencias laborales tempranas, con el fin de acercar mejor a los jóvenes al mercado laboral y responder a las necesidades reales de las empresas colombianas.

