La fuerte advertencia expresada por el presidente de la República, Abelardo de la Espriella, al gobernador de Nariño, Luis Alfonso Escobar, durante la reciente reunión de gobernadores realizada en Mompox, ha generado una creciente incertidumbre en distintos sectores del departamento, que temen que las diferencias políticas y de criterio entre los dos mandatarios terminen afectando de manera grave las relaciones de Nariño con el Gobierno Nacional.
“Ningún acercamiento”
El jefe de Estado fue enfático al señalarle al mandatario nariñense que no está de acuerdo con ningún tipo de acercamiento o interlocución de la Gobernación con grupos alzados en armas que operan en territorio nariñense.
En ese sentido es de anotar que la posición presidencial marca una diferencia profunda frente a la estrategia que durante los últimos años se ha impulsado desde la administración departamental en materia de paz territorial y búsqueda de salidas negociadas a la violencia.
Otros enfrentamientos
El episodio adquiere una especial dimensión porque no se trata del primer desencuentro entre De la Espriella y Escobar. Durante la campaña presidencial, cuando todavía era candidato, el hoy presidente lanzó fuertes críticas contra el gobernador de Nariño, llegando incluso a calificarlo públicamente de “bandido”, expresión que generó una fuerte controversia y que dejó en evidencia la profundidad de las diferencias existentes entre ambos dirigentes.
Perjudiciales secuelas
Ahora, con De la Espriella como presidente de la República, esos enfrentamientos verbales adquieren una nueva dimensión. Ya no se trata solamente de diferencias entre un candidato presidencial y un gobernador regional, sino de una relación institucional que puede tener consecuencias directas sobre la ejecución de programas, inversiones, proyectos de infraestructura, seguridad y atención social en uno de los departamentos más complejos y estratégicos del país.
La preocupación que comienza a extenderse en Nariño es precisamente que las diferencias personales y políticas terminen imponiéndose sobre la necesaria cooperación institucional. Independientemente de las posiciones que cada mandatario tenga frente a la paz, la seguridad o la negociación con organizaciones armadas, existe una realidad que no puede desconocerse: los habitantes de Nariño necesitan que el Gobierno Nacional y la administración departamental trabajen de manera coordinada.
Enormes desafíos
De acuerdo con el concepto de los analistas, Nariño no puede darse el lujo de quedar atrapado en una disputa política entre dos dirigentes. El departamento enfrenta enormes desafíos en materia de seguridad, infraestructura, conectividad, desarrollo rural, empleo, sustitución de economías ilícitas y atención a las comunidades históricamente afectadas por la presencia de grupos armados ilegales.
Por eso, cualquier deterioro de las relaciones entre Bogotá y Pasto podría terminar perjudicando directamente a los ciudadanos. Los proyectos que requieren cofinanciación nacional, las obras de infraestructura, las inversiones sociales y las estrategias de seguridad necesitan de una coordinación permanente entre las diferentes instituciones del Estado.
¿Aislamiento político?
Uno de los mayores temores que se escuchan en sectores políticos y empresariales de Nariño es que el enfrentamiento termine produciendo una especie de aislamiento político del departamento. Incluso empieza a plantearse la posibilidad de que el presidente De la Espriella decida no visitar Nariño mientras Escobar permanezca al frente de la Gobernación, situación que sería altamente inconveniente para la región.
Una eventual ausencia presidencial tendría, además de un significado político, importantes repercusiones institucionales. La presencia del jefe de Estado en las regiones permite conocer directamente sus problemas, escuchar a las comunidades, reunirse con autoridades locales y anunciar inversiones. Nariño, por su condición fronteriza y por los enormes problemas de seguridad que enfrenta, necesita más presencia del Gobierno Nacional, no menos.
TITULO (RECUADRO)
Inquietud por la seguridad
El asunto de fondo, sin embargo, es la seguridad. El presidente ha dejado claro que no permitirá que autoridades regionales adelanten acercamientos con estructuras armadas al margen de las directrices nacionales. El gobernador Escobar, por su parte, ha defendido la necesidad de buscar alternativas que permitan avanzar hacia la paz territorial y disminuir los niveles de violencia que afectan a las comunidades.
Ambas posiciones pueden ser discutidas democráticamente, pero lo que no puede ocurrir es que las diferencias terminen rompiendo los canales de comunicación institucional.
El gobernador tiene la obligación de defender los intereses de Nariño y el presidente tiene la responsabilidad constitucional de garantizar la seguridad y la unidad de la política nacional. En ese escenario, ambos deberían encontrar mecanismos de diálogo que permitan resolver sus diferencias sin convertirlas en una confrontación que termine perjudicando a la ciudadanía.
Guerra Bogotá-Pasto
Nariño necesita que sus dirigentes estén a la altura de las circunstancias. La región no puede convertirse en escenario de una guerra política entre Bogotá y Pasto. Las diferencias pueden existir, incluso ser profundas, pero deben tramitarse dentro del respeto institucional.
La advertencia presidencial debe ser tomada con seriedad, pero también como una oportunidad para abrir un diálogo político que permita superar las tensiones. El departamento requiere recursos, obras, seguridad y acompañamiento nacional. Y para conseguirlos se necesita una relación fluida con la Casa de Nariño.
Lo que está en juego, en última instancia, no es solamente la relación entre Abelardo de la Espriella y Luis Alfonso Escobar. Lo que está en juego es la posibilidad de que Nariño mantenga una relación constructiva con el Gobierno Nacional. Y cualquier ruptura en ese vínculo sería, sin duda, una muy mala noticia para todos los nariñenses.

