La exploración de planetas fuera del Sistema Solar dio un nuevo salto gracias a las observaciones del telescopio espacial James Webb y otros observatorios, que permitieron identificar señales químicas de vapor de agua y dióxido de carbono en la atmósfera de un exoplaneta. Estos hallazgos ayudan a los científicos a comprender cómo se forman los planetas y acercan la posibilidad de estudiar mundos potencialmente habitables en el futuro.
Un avance histórico en la astronomía moderna
Durante décadas, los astrónomos han buscado formas de conocer la composición de planetas ubicados fuera del Sistema Solar, conocidos como exoplanetas. Sin embargo, analizar directamente sus atmósferas representaba uno de los mayores desafíos debido a las enormes distancias y al brillo de las estrellas alrededor de las cuales orbitan.
Con la llegada del telescopio espacial James Webb (JWST), la astronomía entró en una nueva etapa. Su capacidad para observar el universo en luz infrarroja permitió detectar con mayor precisión las «huellas químicas» que dejan diferentes moléculas presentes en las atmósferas planetarias.
Uno de los descubrimientos más importantes fue la detección clara de dióxido de carbono (CO₂) y la confirmación de la presencia de vapor de agua (H₂O) en la atmósfera del exoplaneta WASP-39 b, un gigante gaseoso situado aproximadamente a 700 años luz de la Tierra.
WASP-39 b: el planeta que reveló su composición química
El protagonista de estas observaciones es WASP-39 b, un exoplaneta descubierto en 2011 que orbita una estrella similar al Sol. Aunque su tamaño es comparable al de Júpiter, tiene una masa menor y una atmósfera extremadamente caliente debido a su cercanía con su estrella.
El planeta se encuentra tan cerca de su estrella que completa una órbita en aproximadamente cuatro días terrestres. Su temperatura atmosférica alcanza cerca de 900 grados Celsius, lo que lo convierte en un mundo muy diferente a los planetas del Sistema Solar.
A pesar de sus condiciones extremas, WASP-39 b se convirtió en un laboratorio natural para estudiar cómo están compuestos otros mundos. Mediante la técnica conocida como espectroscopía de transmisión, los científicos pudieron analizar la luz de su estrella después de atravesar la atmósfera del planeta.
Cada molécula absorbe ciertas longitudes de onda de luz, creando una especie de «huella digital química». Al estudiar esas señales, los astrónomos pueden determinar qué gases están presentes.
¿Cómo detectaron agua y dióxido de carbono?
Cuando un exoplaneta pasa delante de su estrella desde la perspectiva de la Tierra, una pequeña parte de la luz estelar atraviesa su atmósfera antes de llegar a los telescopios.
Los instrumentos del James Webb analizan esa luz y buscan cambios específicos provocados por las moléculas atmosféricas.
En el caso de WASP-39 b, los investigadores encontraron:
- Vapor de agua (H₂O): una molécula fundamental para estudiar la química planetaria.
- Dióxido de carbono (CO₂): una señal importante para comprender la formación y evolución del planeta.
- Monóxido de carbono (CO).
- Otros elementos detectados previamente, como sodio y potasio.
La detección del dióxido de carbono fue especialmente relevante porque fue considerada la primera evidencia clara de esta molécula en la atmósfera de un exoplaneta mediante observaciones del JWST.
¿Significa que encontraron vida extraterrestre?
Aunque la presencia de agua y dióxido de carbono puede despertar preguntas sobre la posibilidad de vida, los científicos aclaran que este descubrimiento no representa una prueba de organismos vivos fuera de la Tierra.
El agua y el dióxido de carbono pueden existir mediante procesos completamente naturales sin relación con la actividad biológica. Además, WASP-39 b es un planeta extremadamente caliente y gaseoso, por lo que no reúne condiciones similares a las de la Tierra.
Sin embargo, el hallazgo demuestra que los telescopios actuales ya tienen la capacidad de estudiar la química de mundos muy lejanos, una herramienta fundamental para futuras investigaciones sobre planetas rocosos ubicados en zonas donde podría existir agua líquida.
La importancia del dióxido de carbono para entender otros planetas
El CO₂ no solamente es relevante por su relación con la Tierra y el cambio climático. En astronomía, esta molécula funciona como una pista sobre la historia de formación de los planetas.
La cantidad de carbono, oxígeno y otros elementos presentes en una atmósfera permite reconstruir cómo se originó un planeta y qué procesos ocurrieron durante millones de años.
Los análisis de WASP-39 b sugieren que el planeta pudo haberse formado mediante la acumulación de materiales ricos en elementos pesados provenientes del disco de gas y polvo que rodeaba a su estrella cuando era joven.
Una nueva era para la búsqueda de mundos habitables
El estudio de atmósferas exoplanetarias es uno de los principales objetivos de la astronomía moderna. Hasta hace pocos años, los científicos solo podían conocer datos básicos como el tamaño, la masa o la distancia de muchos exoplanetas.
Ahora, gracias al James Webb, es posible comenzar a responder preguntas mucho más complejas:
- ¿Qué gases forman sus atmósferas?
- ¿Cómo evolucionaron esos planetas?
- ¿Existen mundos con condiciones similares a la Tierra?
- ¿Podrían contener señales químicas asociadas con la vida?
Los investigadores esperan que futuras observaciones permitan estudiar planetas rocosos más pequeños, especialmente aquellos ubicados en regiones donde las temperaturas podrían permitir la existencia de agua líquida.
El futuro de la exploración espacial
El descubrimiento de vapor de agua y dióxido de carbono en atmósferas lejanas representa un cambio importante en la manera en que la humanidad estudia el universo.
Más allá de encontrar nuevos planetas, la ciencia ahora puede comenzar a conocer su composición, su historia y sus posibilidades.
El James Webb no solo está observando objetos lejanos: está permitiendo leer la química de otros mundos y acercando a los astrónomos a responder una de las preguntas más antiguas de la humanidad: si la Tierra es realmente única o si existen otros lugares donde la vida pudo haber surgido.


