El artículo explica que Colombia ha incrementado significativamente su producción de energía solar, alcanzando un crecimiento del 82 % en los últimos tres años (2022-2025) y un 100 % desde 2016, como parte de la estrategia nacional de transición energética. Este avance busca disminuir la dependencia de los combustibles fósiles y de las hidroeléctricas, promoviendo fuentes de energía limpias, renovables y sostenibles.
La energía solar aprovecha la radiación del sol para producir electricidad mediante paneles fotovoltaicos. En la actualidad, además de los grandes parques solares, ha cobrado importancia la generación distribuida, que consiste en instalar paneles o tejas solares directamente en viviendas, empresas e instituciones para producir y consumir la electricidad en el mismo lugar donde se necesita. Esto permite reducir la dependencia de las empresas de energía, disminuir los costos de largo plazo y reducir las emisiones contaminantes.
El artículo destaca que la energía solar representa una de las principales herramientas para enfrentar el cambio climático. A diferencia de las fuentes tradicionales basadas en combustibles fósiles, la energía solar es renovable y no genera emisiones directas de dióxido de carbono durante su funcionamiento. Además, contribuye a mejorar la calidad del aire y fortalece la seguridad energética al diversificar las fuentes de generación.
A nivel mundial, la organización EMBER señala que en 2025 la producción de electricidad mediante energía solar alcanzó 2.778 teravatios-hora, lo que representó un crecimiento del 30 % respecto al año anterior. El informe indica que la producción de energía solar prácticamente se duplica cada tres años debido a la rápida expansión de esta tecnología. También resalta que el aumento de la demanda mundial de electricidad fue cubierto completamente por energías limpias, sin necesidad de incrementar la generación con combustibles fósiles.
Aunque las hidroeléctricas continúan siendo la principal fuente de energía renovable en el mundo, con más del 40 % de la generación eléctrica, la energía solar se ha convertido en el principal motor de la transición energética. En 2025, aproximadamente el 75 % del crecimiento de la demanda eléctrica mundial fue cubierto por energía solar. Países como China e India, históricamente grandes consumidores de carbón, también avanzaron en la incorporación de energías renovables.
En América Latina existen diferencias importantes entre los países. Los líderes en el desarrollo de energía solar y renovable son Brasil, México, Chile y Argentina, gracias a políticas públicas implementadas desde hace varios años. Chile se destaca por el aprovechamiento de la radiación solar del desierto de Atacama y por sus sistemas de almacenamiento de energía, mientras que Brasil ha impulsado grandes inversiones mediante licitaciones públicas y programas de promoción de energías limpias.
Por el contrario, países como Perú, Ecuador, Guatemala y Paraguay aún presentan una baja participación de las energías renovables. En conjunto, América Latina representa apenas el 7,6 % de la capacidad mundial de generación renovable, aunque entre 2016 y 2025 la producción regional aumentó cerca del 39,3 %.
En el caso colombiano, la transición energética ha cobrado fuerza principalmente durante el gobierno del presidente Gustavo Petro. Actualmente, el país aporta aproximadamente el 4 % de la producción de energía renovable de América Latina, siendo superado únicamente por Brasil, México, Chile, Venezuela y Argentina. Desde 2016, la generación de energías renovables creció un 23 %, mientras que la energía solar aumentó un 100 %, mostrando un crecimiento especialmente acelerado desde 2022.
Uno de los principales programas impulsados por el Gobierno es Colombia Solar, coordinado por el Ministerio de Minas y Energía dentro del Plan Nacional de Desarrollo. Gracias a esta iniciativa, entre 2023 y 2025 se instalaron más de 18.000 nuevos techos solares en viviendas, instituciones educativas y otras edificaciones. Antes de 2022 existían alrededor de 5.600 techos solares, mientras que actualmente el país cuenta con cerca de 24.500 instalaciones.
Los techos solares no solo permiten reducir el costo de la electricidad para quienes los utilizan, sino que también han servido para llevar energía a comunidades rurales y apartadas que antes no tenían acceso al servicio eléctrico. Esto convierte a la energía solar en una herramienta tanto de desarrollo social como de protección ambiental.
El artículo también explica que actualmente muchos usuarios mantienen un sistema mixto, utilizando tanto la energía solar como la red eléctrica convencional. Aunque el objetivo futuro es lograr una mayor independencia de la red tradicional, todavía existen desafíos importantes relacionados con el almacenamiento de la electricidad y el fortalecimiento de las redes de transmisión.
Otro aspecto fundamental de la transición energética es la electrificación del transporte mediante vehículos eléctricos, ya que el sector transporte continúa siendo una de las principales fuentes de emisiones contaminantes. El éxito de esta transición dependerá de que la electricidad utilizada provenga cada vez más de fuentes limpias como la solar.
Finalmente, el texto concluye que la expansión de la energía solar no solo aporta beneficios ambientales, sino también económicos. La disminución de la dependencia de combustibles fósiles e hidroeléctricas reduce la vulnerabilidad frente a fenómenos como las sequías y el Fenómeno de El Niño, que afectan la generación hidroeléctrica en Colombia. Además, una matriz energética más diversificada brinda mayor estabilidad en los costos de la electricidad y fortalece la seguridad energética del país.
En conclusión, Colombia ha logrado avances importantes en la transición hacia energías limpias, especialmente mediante el crecimiento de la energía solar y la instalación masiva de techos solares. Sin embargo, el país aún enfrenta retos relacionados con el almacenamiento de energía, la expansión de la infraestructura eléctrica y la continuidad de las políticas públicas que permitan consolidar un sistema energético más sostenible, limpio y resiliente.




