El Haupapa/Tasman Glacier, el glaciar más largo de Nueva Zelanda, continúa experimentando un proceso de retroceso y pérdida de masa que se ha intensificado durante las últimas décadas. Su contacto con el Tasman Lake favorece el desprendimiento periódico de grandes bloques de hielo, un proceso conocido como calving, que constituye uno de los mecanismos más importantes de pérdida de hielo en este sector de los Alpes del Sur.
Un gigante de hielo sometido a una transformación acelerada
En el corazón de los Alpes del Sur de Nueva Zelanda se encuentra el Haupapa/Tasman Glacier, una de las mayores reservas de hielo del país y uno de los ejemplos más visibles de cómo el cambio climático está modificando los paisajes de montaña.
El glaciar se encuentra dentro del Aoraki/Mount Cook National Park, en la Isla Sur, y se extiende desde las zonas altas de la cordillera hasta el Tasman Lake. El Departamento de Conservación de Nueva Zelanda lo identifica como el glaciar más largo del país, con una extensión aproximada de 23 kilómetros. Su parte inferior está cubierta en buena medida por roca y sedimentos, mientras que en sectores superiores el hielo alcanza espesores de cientos de metros.
Aunque desde lejos puede parecer una enorme masa de hielo estable, el Tasman Glacier lleva décadas experimentando cambios importantes. La formación y posterior expansión del lago situado frente a su terminación ha modificado la dinámica del glaciar y ha facilitado que fragmentos de hielo se desprendan y terminen flotando en el agua.
El fenómeno no es nuevo, pero representa una de las señales más visibles del retroceso de este glaciar.
El Tasman Lake, una pieza clave para entender el retroceso
Uno de los elementos fundamentales para comprender la evolución del Tasman Glacier es el lago que se encuentra frente a su terminación.
De acuerdo con el Departamento de Conservación neozelandés, el Tasman Lake comenzó a formarse en la década de 1970 y ha seguido creciendo conforme el glaciar ha perdido hielo. Actualmente, es habitual encontrar icebergs flotando en sus aguas, especialmente durante los meses más cálidos.
La existencia de este lago tiene consecuencias importantes sobre la dinámica del glaciar.
Cuando la parte frontal del hielo entra en contacto con el agua, las condiciones son diferentes a las que existirían si el glaciar terminara directamente sobre tierra firme. La interacción entre el agua y el frente glaciar puede favorecer la fractura de bloques de hielo y su posterior separación.
Este proceso se conoce como calving glaciar.
En términos sencillos, consiste en la ruptura de una sección del glaciar que termina desprendiéndose y cayendo o flotando en un lago, río o mar.
En el Tasman Glacier, este mecanismo ha sido especialmente relevante desde que comenzó a desarrollarse el lago terminal.
¿Qué ocurre cuando se desprenden grandes bloques de hielo?
El desprendimiento de hielo puede producirse de diferentes maneras.
Las grietas existentes en el glaciar pueden aumentar hasta atravesar grandes secciones de hielo. Al mismo tiempo, el agua puede erosionar la parte frontal o inferior del glaciar, debilitando determinadas zonas.
Cuando el bloque pierde suficiente estabilidad, puede separarse de la masa principal y caer al lago.
El resultado puede ser espectacular: enormes fragmentos de hielo quedan flotando sobre el Tasman Lake y, en determinados casos, el desplazamiento repentino de grandes volúmenes de hielo puede generar ondas en el agua.
Investigaciones científicas sobre el Tasman Glacier han demostrado que el retroceso experimentado desde finales del siglo XX está estrechamente relacionado con la expansión del lago proglacial y con el desprendimiento de hielo desde el frente glaciar. Los estudios realizados mediante imágenes satelitales han permitido reconstruir la evolución del frente del glaciar y el crecimiento del lago.
Por esta razón, un desprendimiento de hielo no debe interpretarse de manera aislada. Forma parte de un proceso de transformación mucho más prolongado.
El calentamiento no actúa como un interruptor, sino como un factor que modifica el equilibrio glaciar
Una de las cuestiones más importantes al analizar estos acontecimientos es evitar una relación demasiado simple entre temperatura y desprendimiento.
No significa que cada bloque de hielo que se desprende pueda atribuirse directamente a una determinada subida de temperatura ocurrida días o semanas antes.
Los glaciares responden a múltiples factores: temperatura, acumulación de nieve, lluvias, condiciones del lago, circulación del agua, fracturas internas, dinámica del hielo y características del terreno.
Sin embargo, el calentamiento sostenido sí puede alterar el balance de masa de un glaciar.
Un glaciar crece cuando la cantidad de nieve y hielo que acumula supera las pérdidas. En cambio, pierde masa cuando la fusión, el desprendimiento y otros mecanismos de pérdida superan la acumulación.
Cuando esta situación se mantiene durante años, el glaciar comienza a adelgazar y retroceder.
Los registros científicos de Nueva Zelanda muestran precisamente una tendencia prolongada de pérdida de hielo. NIWA, actualmente integrado en Earth Sciences New Zealand, ha señalado que los glaciares de los Alpes del Sur han perdido más del 30 % de su volumen de hielo durante las últimas cuatro décadas.
Tasman Glacier: uno de los principales indicadores del cambio climático en Nueva Zelanda
El Tasman Glacier tiene una particular importancia dentro de los estudios glaciológicos de Nueva Zelanda porque concentra una enorme cantidad de hielo y presenta cambios visibles a escalas relativamente cortas.
NIWA ha señalado que el Haupapa/Tasman Glacier representa aproximadamente un tercio del volumen total de hielo de Nueva Zelanda y que, a diferencia de algunos glaciares neozelandeses que experimentaron avances temporales durante determinados periodos climáticos, el Tasman continuó retrocediendo.
La diferencia es importante.
El comportamiento de un glaciar puede variar de un año a otro. Una temporada particularmente fría o con abundantes precipitaciones puede provocar un avance temporal, mientras que un periodo cálido puede acelerar la pérdida de nieve y hielo.
Por eso los científicos no estudian únicamente fotografías aisladas o acontecimientos individuales. Analizan series de observaciones que permiten determinar tendencias a largo plazo.
El monitoreo científico permite observar cambios que no siempre son visibles a simple vista
El seguimiento de los glaciares neozelandeses combina diferentes técnicas.
Entre ellas se encuentran las observaciones de la línea de nieve al final del verano, mediciones de campo, fotografías aéreas, datos topográficos e imágenes obtenidas mediante satélites.
Este tipo de información permite determinar cuánto hielo se ha perdido, cómo cambia la superficie del glaciar y cómo evoluciona el frente de hielo.
En marzo de 2026, el programa europeo Copernicus publicó una imagen del Tasman Glacier obtenida el 30 de enero de 2026 mediante Sentinel-2. La imagen permite distinguir el glaciar, sus morrenas y el Tasman Lake, además de mostrar los flujos de agua de deshielo que salen de la zona glaciar. Copernicus destacó precisamente el valor de estas observaciones satelitales para estudiar el retroceso glaciar, la cobertura de nieve y la dinámica del agua y los sedimentos.
Esto demuestra que el monitoreo no depende únicamente de expediciones sobre el terreno.
Los satélites permiten comparar imágenes obtenidas en diferentes momentos y detectar cambios en la superficie y en la extensión de los cuerpos de hielo.
Una historia de retroceso que comenzó mucho antes de los acontecimientos actuales
El proceso que experimenta actualmente el Tasman Glacier no comenzó en 2026.
Los estudios glaciológicos indican que el glaciar permaneció durante buena parte del siglo XX en una posición relativamente estable en comparación con la transformación posterior. Sin embargo, durante las últimas décadas del siglo pasado comenzó a producirse una reducción considerable de su masa y apareció un lago frente a su terminación.
Investigaciones publicadas sobre el retroceso del Tasman Glacier documentaron que entre 2000 y 2008 la expansión del lago y el retroceso del frente glaciar estuvieron acompañados por un aumento de los procesos de desprendimiento.
Otra investigación sobre la evolución del glaciar determinó que el Tasman Lake se convirtió en un componente fundamental de la dinámica de retroceso del hielo.
La razón es que el agua permite que el frente glaciar pierda hielo mediante desprendimientos, lo que puede hacer que la retirada del glaciar sea más rápida que la producida exclusivamente por el derretimiento superficial.
El desprendimiento de hielo no significa que todo el glaciar esté colapsando de repente
Las imágenes de enormes bloques de hielo desprendiéndose pueden resultar impactantes y generar la impresión de que el glaciar está desapareciendo de manera repentina.
Pero desde el punto de vista científico, un evento de calving debe interpretarse dentro de una escala temporal más amplia.
El Tasman Glacier tiene una enorme extensión y una gran cantidad de hielo. Su transformación se produce mediante diferentes procesos que actúan simultáneamente.
Por un lado, existe pérdida de hielo por fusión.
Por otro, el hielo se desprende en el frente que termina en el lago.
Además, la reducción de espesor provoca cambios en la geometría del glaciar y puede alterar la manera en que el hielo se desplaza hacia las zonas inferiores.
La combinación de estos mecanismos explica por qué el glaciar puede continuar perdiendo masa incluso durante años en los que las condiciones meteorológicas concretas presentan variaciones.
La temperatura de verano tiene un papel especialmente importante
Para los glaciares, las condiciones de los meses cálidos son fundamentales.
Una temporada con temperaturas elevadas puede incrementar la cantidad de nieve y hielo que se derrite en la superficie. Si este proceso supera la cantidad de nieve que se incorpora al glaciar durante el invierno, el balance anual termina siendo negativo.
Los investigadores que estudian los glaciares de Nueva Zelanda han encontrado una estrecha relación entre las condiciones atmosféricas y las variaciones en el volumen de hielo.
Los datos recopilados durante décadas muestran que las variaciones climáticas de corto plazo pueden provocar fluctuaciones, pero que la tendencia de fondo está determinada por cambios persistentes en las condiciones climáticas.
Por esta razón, los científicos utilizan los glaciares como auténticos indicadores naturales del clima.
Nueva Zelanda ha perdido una parte considerable de su hielo glaciar
El caso del Tasman Glacier forma parte de un fenómeno más amplio.
Los Alpes del Sur concentran miles de glaciares, aunque muchos son relativamente pequeños. Las investigaciones de NIWA han documentado una pérdida significativa de volumen de hielo en el conjunto de la cordillera.
Los datos históricos muestran que entre 1976 y 2005 el volumen de hielo de los glaciares analizados pasó de aproximadamente 54,6 kilómetros cúbicos a 48,74 kilómetros cúbicos, una reducción superior al 10 %. Los grandes glaciares, entre ellos el Tasman, concentraron más del 90 % de esa pérdida durante el periodo estudiado.
Las observaciones posteriores han confirmado que la pérdida de hielo continúa siendo una preocupación científica.
En 2023, NIWA informó que su tradicional medición de la línea de nieve al final del verano había registrado una nueva pérdida de nieve y hielo en los principales glaciares de Nueva Zelanda, incluyendo el Tasman.
El paisaje del Tasman Glacier ya cambió radicalmente
Una de las consecuencias más visibles del retroceso es la transformación del paisaje.
El Tasman Lake prácticamente no existía como el gran lago que se observa actualmente durante la primera parte del siglo XX. Su formación comenzó en la década de 1970 y posteriormente el cuerpo de agua aumentó de tamaño.
Actualmente, los visitantes pueden observar icebergs flotando en sus aguas y las grandes morrenas que marcan posiciones anteriores del glaciar.
El Departamento de Conservación de Nueva Zelanda describe estas morrenas como evidencias visibles del retroceso del hielo y advierte además que tanto el lago como las áreas de morrena presentan riesgos importantes debido a la inestabilidad del terreno y de los icebergs.
Así, el cambio climático no solamente está modificando la cantidad de hielo disponible: también está creando nuevos paisajes.
¿Qué podría ocurrir en las próximas décadas?
El futuro del Tasman Glacier dependerá de la evolución del clima y de la respuesta del sistema glaciar.
Los modelos utilizados por los científicos consideran factores como las temperaturas futuras, la acumulación de nieve y la dinámica del lago.
El proceso no necesariamente será lineal. Puede haber años de menor retroceso o incluso fluctuaciones temporales, pero un calentamiento sostenido aumenta la probabilidad de que el balance de masa permanezca negativo.
Una característica particularmente importante es que el Tasman Glacier ya cuenta con un lago terminal desarrollado. Mientras exista una interacción significativa entre el hielo y el agua, los desprendimientos pueden continuar desempeñando un papel relevante en su evolución.
Por ello, el seguimiento de la posición del frente glaciar, la profundidad y extensión del lago y las condiciones de la superficie del hielo continuará siendo fundamental.
Una señal visible de un problema mucho mayor
El interés científico en el Tasman Glacier va mucho más allá de la espectacularidad de los icebergs.
Los glaciares funcionan como reservas naturales de agua dulce y responden de manera sensible a las variaciones del clima. Su reducción puede afectar los ecosistemas de montaña, la disponibilidad estacional de agua y los paisajes que sustentan actividades turísticas y económicas.
En Nueva Zelanda, la pérdida de hielo también tiene una dimensión cultural y ambiental. El Aoraki/Mount Cook y las montañas que lo rodean tienen una profunda importancia para Ngāi Tahu, mientras que el paisaje glaciar constituye uno de los principales atractivos naturales de la región.
Por eso, cada nueva medición del Tasman Glacier aporta información sobre algo más grande que un solo glaciar: permite observar cómo está respondiendo uno de los sistemas montañosos más importantes de Nueva Zelanda a un clima que está cambiando.
Una precisión necesaria sobre el supuesto “desprendimiento masivo” de 2026
Aunque el desprendimiento de grandes bloques de hielo del Tasman Glacier es un fenómeno real y está ampliamente documentado, no existe suficiente evidencia pública y verificable para afirmar que en agosto de 2026 se haya producido un nuevo desprendimiento masivo excepcional causado directamente por el aumento de las temperaturas estacionales.
Las fuentes científicas e institucionales consultadas confirman, en cambio, tres hechos: el Tasman Glacier continúa en retroceso; el Tasman Lake se ha expandido debido a la pérdida de hielo; y el desprendimiento de icebergs constituye uno de los mecanismos que contribuyen a la retirada de su frente.
Por tanto, cualquier publicación que presente como confirmado un evento concreto de enormes dimensiones ocurrido recientemente debería respaldarlo con imágenes fechadas, mediciones glaciológicas o un comunicado de investigadores o autoridades locales.
Lo que sí está plenamente respaldado por la evidencia científica es que el Haupapa/Tasman Glacier se encuentra en un proceso prolongado de transformación y pérdida de hielo, y que el calentamiento climático constituye un factor central en la evolución de los glaciares de los Alpes del Sur de Nueva Zelanda.
La imagen más reciente difundida por Copernicus en marzo de 2026, obtenida mediante el satélite Sentinel-2 en enero de ese mismo año, constituye precisamente un ejemplo de cómo la comunidad científica continúa utilizando observaciones espaciales para vigilar la evolución de este enorme glaciar.

