Suiza llega al torneo con una generación de jugadores formada en los mejores clubes de Europa
La Nati ha construido una de las plantillas más equilibradas de su historia, combinando experiencia de veteranos con la irrupción de jóvenes talentos que han dado un salto de calidad notable en los últimos años. Granit Xhaka, el capitán con 144 partidos internacionales y cuatro Mundiales en sus piernas, sigue siendo el eje sobre el que gira todo el equipo desde el mediocampo, ahora en el Bayer Leverkusen después de sus años en el Arsenal. Manuel Akanji del Manchester City aporta solidez defensiva de primer nivel europeo, Yann Sommer regresó al arco con la experiencia del Inter de Milán y Remo Freuler complementa a Xhaka con una intensidad y recuperación de balón que hacen casi impenetrable el centro del campo helvético.
La gran novedad de este Mundial es la explosión de Johan Manzambi, el mediocentro de apenas 20 años del Friburgo alemán que con tres goles en la fase de grupos se convirtió en la revelación del equipo y en el jugador más joven en anotar tres goles en la historia de Suiza en un Mundial. Breel Embolo como delantero referencia, Ruben Vargas como desequilibrio por la banda izquierda y Djibril Sow aportando llegada desde el mediocampo completan un equipo sin grandes estrellas mediáticas pero con una profundidad táctica y una cohesión colectiva que lo hace extremadamente difícil de derrotar. Es la esencia del fútbol suizo: sin brillar individualmente, el conjunto siempre suma más que las partes.




