Luis Eduardo Solarte Pastás

Suicidio, un problema de salud pública

 

PEON

 

El suicidio es un fenómeno tan antiguo como la existencia misma de la humanidad. A lo largo de la historia las distintas culturas que han poblado el planeta han considerado el suicidio de manera distinta, en función de los principios filosóficos, religiosos, intelectuales, sociales y económicos que han ido imperando en cada momento.

Según tratadistas e investigadores sobre el tema del suicido, cualquier sujeto puede, en determinado momento de su existencia, sentir que la vida no tiene sentido por diversas causas, como la enfermedad física o mental, la pérdida de una relación valiosa, un embarazo oculto o no deseado, la soledad, las dificultades cotidianas en personalidades poco tolerantes, lo que convierte el suicidio en la mejor y única opción para ellos.

Es así como la Organización Mundial de la Salud (OMS), manifiesta que unas 800 mil personas se suicidan cada año. Y que las muertes por propia voluntad representan la segunda causa de fallecimientos entre los jóvenes de entre 15 a 29 años, después de los accidentes de tránsito.

Y en Colombia, la situación no es nada alentadora porque los suicidios, a juicio del Dane, es la tercera causa externa de muerte entre los adultos de 29 a 59 años y jóvenes de 18 a 28 años.

En ese sentido, el último informe entregado por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, muestra un consolidado en donde se evidencia que durante enero y septiembre de este año, en comparación con el 2020, ha habido un importante incremento de los casos de muerte por suicidio; pues, en el 2020 se reportaron 1.314 casos, mientras que en 2021 en el mismo periodo de tiempo se ha informado de 1.489 casos.

Así las cosas, el tema del suicidio en el país es una realidad compleja de la que se habla poco y con evidentes sesgos e inexactitudes que conducen a su invisibilización, bien sea por vergüenza, culpabilidad o temor a un efecto imitación.

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Pero esto tiene que cambiar. El suicidio no puede ser silenciado en un momento tan crítico como el actual, en el que ha crecido de forma alarmante el número de personas que afronta el deterioro acelerado de su salud mental por los efectos de la pandemia.

Preocupa constatar, a través de estos dramáticos registros, cómo el Covid está empujando al límite a quienes ya eran extremadamente vulnerables a causa de enfermedades físicas o mentales, abuso de sustancias psicoactivas y alcohol o problemas familiares y afectivos, en el caso de los menores de edad.

De allí que, es un error interpretar que los suicidios o intentos de muertes autoinfligidas son casos aislados que se limitan a meras tragedias familiares.

“Un suicidio es como una bomba atómica que explota y arrasa con todo lo que encuentra en su camino e impacta negativamente a la sociedad entera.

Por lo tanto, es urgente fortalecer la vigilancia y el seguimiento de estos episodios de suicidio a través de las entidades sanitarias, organizaciones públicas y privadas, y, en particular, las familias para darle toda la importancia que se merece como un problema de salud pública.

Por. Luis Eduardo Solarte Pastás