Por: Sofonías Rodriguez M.
En su vida de docente, de músico, de gestor cultural, de compañero, de amigo que vio pasar sus años jóvenes dentro de una apacible y tranquila convivencia en esta dulce tierra, nunca se le cruzó por su imaginación la dura, demoledora y cruel odisea que iba a enfrentar recorriendo casi todo el país desde donde comienza Colombia.
Esa decisión marcó la ruta que el mismo profesor Gustavo Moncayo Rincón trazó y con la que arrancó un día cualquiera, llevando en su mochila un cargamento de ilusiones y esperanzas de alcanzar algún día la paz para nuestro país. El objetivo principal, la liberación de su hijo Pablo Emilio, secuestrado por las Farc en 1997.
Atrás quedó su pueblo enmarcado entre el verde paisaje de café y de caña. A medida que fue avanzando, las gentes de las localidades vecinas no sólo aplaudían la heroica travesía de este querido compatriota, sino que salían al filo de la vía para obsequiarle siquiera un refresco. Ya con el cariño y la consideración de los colombianos, lo conocieron como el Caminante por la paz.
«Murió el profesor Gustavo, pero su grito de paz sigue vivo. Deja un claro ejemplo de lucha por la libertad. Hoy emprendió el camino sin retorno. Feliz viaje profesor Moncayo”
Como hecho para exaltar el acompañamiento que tuvo del periodista Alvaro Mina, El negro, en ese entonces reportero de Caracol desde el departamento del Cauca y por varios días no sólo para hacer periódicos informes sobre esta no muy común marcha, sino para darle ánimo e inyectarle una buena dosis de energía y optimismo.
Fueron 45 días de caminar continuo con sus hijas Yury Tatiana y Carol donde el desgaste físico se hacía evidente. Pese a todo, seguían con paso firme por ciudades y pueblos colombianos hasta llegar a la capital de la república donde fue recibido por mucha gente destacándose la presencia de la colonia nariñense residente allá.
Sólo con lágrimas el Caminante por la paz pudo expresar su gran decepción cuando le habló al presidente Uribe la posibilidad de buscar una negociación con el grupo que lo había retenido a su hijo, pero la respuesta del primer mandatario dio como imposible cumplir su petición, porque la estrategia militar era otra.
Sin embargo la liberación se dio y fue un feliz retorno de Pablo Emilio a su tierra con un apoteósico recibimiento de autoridades y ciudadanía. Suficiente pretexto para vestirse de fiesta Sandoná. A los 69 años, su corazón dejó de latir y su voz se fue apagando. Murió el profesor Gustavo, pero su grito de paz sigue vivo. Deja un claro ejemplo de lucha por la libertad. Hoy emprendió el camino sin retorno. Feliz viaje profesor Moncayo.




