La firma calificadora Standard & Poor’s anunció una nueva reducción en la calificación crediticia de Colombia, que pasó de BB a BB-. La decisión responde principalmente a las dificultades persistentes en las finanzas públicas del país
A pesar del ajuste, la entidad modificó la perspectiva de “negativa” a “estable”, lo que sugiere que, en el corto y mediano plazo, no se prevén cambios adicionales en la nota si se mantienen las condiciones actuales.
El informe destaca que Colombia continúa enfrentando un desbalance entre ingresos y gastos, lo que se traduce en déficits fiscales elevados. A esto se suman factores como el aumento de la deuda externa, presiones inflacionarias y un déficit en cuenta corriente que limita la capacidad de respuesta económica.
Según la calificadora, aunque algunas medidas del Gobierno han contribuido a sostener el consumo y el empleo, también han generado efectos secundarios en la estabilidad fiscal. En este contexto, se proyecta que el crecimiento económico del país se mantenga moderado, con una estimación cercana al 2,5 % para 2026.
El cambio de perspectiva a estable indica que existe confianza en una eventual corrección gradual de las finanzas públicas, siempre que se implementen ajustes que no frenen el crecimiento económico. Sin embargo, el informe advierte sobre la importancia de fortalecer la previsibilidad fiscal, especialmente tras decisiones recientes que han generado incertidumbre en los mercados.
Con esta nueva calificación, Colombia permanece dentro del rango denominado “grado especulativo”, es decir, por debajo del nivel considerado como grado de inversión. Esto implica una mayor percepción de riesgo para los inversionistas internacionales.
En comparación con otras agencias, Fitch Ratings mantiene la calificación del país en BB, mientras que Moody’s conserva a Colombia en Baa3, aún dentro del grado de inversión, aunque en su nivel más bajo.
Analistas coinciden en que esta decisión podría influir en el costo del financiamiento para el país, tanto para el Gobierno como para los ciudadanos, ya que tasas de interés más altas pueden trasladarse a créditos de consumo, vivienda y otros sectores.
No obstante, la calificadora dejó abierta la posibilidad de mejorar la nota en el futuro si se logra una reducción sostenida del déficit y una estabilización de la deuda pública. Por el contrario, un deterioro adicional en estos indicadores podría derivar en nuevas rebajas.

