SON PASAJEROS NO SON REHENES 

 Denuncian abusos, demoras y cobros irregulares.

La indignación crece entre los viajeros en Chiquinquirá, quienes denuncian una situación que califican como abusiva e insostenible en el servicio de transporte hacia destinos como Tunja. Según relatan, no solo deben enfrentar largas esperas sin solución, sino también cobros adicionales que, aseguran, terminan siendo una carga injusta para quienes necesitan movilizarse. De acuerdo con testimonios recogidos en el lugar, pasajeros reportaron haber esperado más de una hora sin que se despachara un bus, pese a encontrarse en un horario en el que normalmente hay servicio continuo. La situación se agrava cuando, según denuncian, las empresas condicionan la salida de los vehículos a completar un número mínimo de usuarios. Si no se alcanza esa cifra, los mismos pasajeros deben asumir el costo faltante para que el bus pueda salir, una práctica que ha generado molestia y rechazo generalizado. “Nos dicen que si no somos 20 pasajeros, entre todos debemos completar el dinero. Eso no es justo, es un abuso”, afirmó uno de los afectados, quien aseguró que este tipo de situaciones no es un hecho aislado, sino una constante que se repite con frecuencia.

Pero más allá de la incomodidad, lo que realmente preocupa es la aparente falta de control por parte de las autoridades competentes y de la administración del terminal de transportes, que, según los denunciantes, no ha emitido ningún pronunciamiento ni ha tomado medidas frente a estas irregularidades. Para muchos, este silencio institucional solo agrava la percepción de desorden y abandono en un servicio esencial para la movilidad regional. La crítica no solo apunta a las empresas transportadoras, sino también a quienes deberían garantizar el cumplimiento de las normas. Los usuarios exigen claridad en las tarifas, cumplimiento de horarios y respeto por los derechos del pasajero, aspectos que, aseguran, hoy no se están cumpliendo.

Esta situación afecta directamente a trabajadores, estudiantes y ciudadanos en general que dependen del transporte público para cumplir sus actividades diarias. La falta de soluciones oportunas no solo genera retrasos, sino también pérdidas económicas y desgaste para quienes se ven obligados a esperar o pagar de más. Mientras tanto, la molestia sigue creciendo. Los viajeros piden acciones inmediatas, controles reales y sanciones si es necesario. Porque lo que hoy se vive en el terminal de Chiquinquirá, aseguran, no es un simple inconveniente, sino un problema que vulnera derechos y exige respuestas urgentes.

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