2025 fue un año de nuevas empresas en el país. Según el Registro Único Empresarial y Social (RUES), que manejan las cámaras de comercio, el número de empresas activas supera los 1,8 millones de unidades.
Fue sorpresivo que entre las ciudades que mayor crecimiento porcentual presentaron están Vaupés, Guainía, Meta, Córdoba y Amazonas, donde la micro y mediana empresa representan las 1.799.802 registradas. ¿Puede este panorama revelar el impacto positivo de la mediana empresa para la economía nacional?
La respuesta no es tan sencilla. Si bien es un panorama favorable, también hay que preguntarse si solo están absorbiendo un fenómeno estructural del mercado laboral. Es un asunto de pros y contras. Así lo advierte Juan Carlos Higueras, vicedecano de EAE Business School.
«En América Latina, las PyMEs concentran una gran fracción del empleo formal, pero suelen tener menor productividad y más restricciones de financiación y gestión que las grandes», señala. «Ese coctel hace que sean cruciales para sostener empleo y a la vez vulnerables».
La explicación de esta dinámica está en que, cuando hay incertidumbre económica, las corporaciones grandes tienden a ajustar sus estructuras con mayor rapidez, reduciendo plantilla o externalizando procesos hacia proveedores pequeños. Eso hace que el empleo no desaparezca del todo, sino que se redistribuya hacia empresas medianas y pequeñas, que además suelen ser más intensivas en mano de obra.
A este panorama se suma el impacto de las reformas laborales, donde los cambios regulatorios generan, inevitablemente, debate sobre su efecto en la contratación de nuevos talentos o, incluso, la retención del ya existente.
«Una reforma puede ser incentivo solo si reduce incertidumbre, mejora productividad o compensa costes”, advierte el experto de EAE Business School. «Cuando aumenta el coste de la mano de obra o eleva el riesgo sin compensación, se transforma en una pesada carga».
Este efecto se siente con mayor intensidad en sectores como comercio, hostelería y logística, pues allí los márgenes son más estrechos y cualquier incremento en costos laborales impacta directamente en la capacidad de contratación. Además, la falta de claridad normativa o la rapidez de los cambios también pueden convertirse en un freno para la toma de decisiones empresariales.
Y más allá del tema regulatorio, las medianas empresas enfrentan también desafíos estructurales cuando asumen un mayor peso en la generación de empleo. Pueden haber problemas de productividad si el crecimiento en contratación supera el valor agregado, si hay dificultades para atraer talento especializado, especialmente en áreas de digitalización, y si el acceso a financiación en entornos de crédito más costoso es limitado.
A esto se suma la complejidad regulatoria, que en muchos casos desincentiva el crecimiento empresarial y empuja a las organizaciones a mantenerse en tamaños intermedios para evitar mayores cargas administrativas.
El hecho de que el empleo dependa en gran medida de este tipo de empresas también implica riesgos para la economía en su conjunto, pues la alta concentración del empleo en compañías con menor capacidad financiera puede aumentar la vulnerabilidad ante ciclos económicos adversos, generando ajustes más rápidos en momentos de desaceleración.
Además, existe el riesgo de un estancamiento en la productividad, donde se generan más puestos de trabajo sin un incremento proporcional en el valor agregado, lo que limita el crecimiento del PIB y de los salarios reales.
Con todo esto, el protagonismo de las medianas empresas, además de que sigan absorbiendo empleo, debe estar también en que tengan la capacidad de convertirse en verdaderos motores de crecimiento económico sostenible.
«La productividad es la clave, mediante programas de digitalización, gestión y, sobre todo, de adopción tecnológica de todo tipo, desde ERPs, comercio electrónico, análisis de datos o la IA», agrega el vicedecano de EAE Business School.
Debe haber un equilibrio entre políticas públicas y estrategia empresarial. Por un lado, las empresas necesitan mejores condiciones de financiación y marcos regulatorios más predecibles. Por otro lado, las reformas laborales deberán encontrar un punto donde se proteja al trabajador sin desincentivar la contratación. El gran objetivo es el crecimiento sostenido.


