Una constante en las novelas y películas del género policiaco es lo meticuloso en el obrar del criminal, siempre atento a no dejar huellas. Tan así que permite al investigador de igual manera demostrar su talento durante el armado del rompecabezas que representa el crimen. Tan alta es la atención puesta en el detalle de parte del delincuente como del detective, que entre los lectores y cinéfilos seguidores de este tipo de literatura y cine se pueden identificar dos grupos: uno, el de los admiradores de los genios del crimen y, dos, aquel que reúne a los acompañantes en todos los pasos que da el detective en su afán por dilucidar el entramado del delito hasta dar con el o los autores. Sin ninguna pretensión de poner como soporte de especulaciones a cualesquiera de las ciencias que se ocupan en el estudio de las conductas del individuo y la sociedad, se puede afirmar que, estos comportamientos no han estado desligadas del carácter real de las personas, en parte moldeados por los atavismos y la educación. Pero al hablar de la educación no solo se debe voltear a ver hacia la institución académica, la atención de todos los sentidos la ameritan también los ámbitos familiares y socioculturales, puesto que son los que de manera más directa inciden en la construcción del carácter ético y moral de las personas.
En la literatura como en el cine se crea una obra tomando como base e insumos acontecimientos reales o solo elementos de ellos, en algunas piezas de manera directa mientras que en otras únicamente el modus operandi, las características de los personajes, el espacio o el tema. Para ejemplo de las dos formas de abordar y desarrollar una idea en este género se pueden referenciar las novelas del escritor estadounidense Truman Capote “A sangre Fría” y escoger alguna de las escritas por Agatha Christie como puede ser “Muerte en el Nilo”, las dos llevadas al cine. En ambas se evidencia que el género de novela policiaca tiene como sustrato el dilema del crimen perfecto por lo que el reto del investigador es comprobar que no es posible lograrlo, demostrando mayor inteligencia en el esclarecimiento del delito, por lo que las causas, las maneras y el delincuente son descubiertos. Aunque en algunos casos la justicia y su largo brazo no logra alcanzar al bandido, este final también es tomado de la vida real, el malhechor se burla de ella, como Arséne Lupin, dejando en la escena del crimen un guante blanco. Razón por la que de manera errada sea ha convertido la ficción en causa primera del actuar del transgresor, al señalar al autor y su creación de hacer apología al crimen, promoviendo por ello la censura, en algunos casos solo a los libros y los filmes y en otros, de manera más severa, a toda la literatura y la cinematografía. Pues aquellos prohibicionistas tienen como premisa mayor que, existen libros escritos por mentes corrompidas. Por lo que la premisa menor y la conclusión apuntan a que, no se debe permitir acceder a esos libros y filmes, por lo tanto, en lo posible, las obras y sus autores deben de eliminarse.
¿Cómo burlar la justicia y buscar la prueba reina para castigar al culpable? son las constantes en la trama de los relatos policiacos, pero no por ello solo presente en la ficción. En la realidad también se presenta esta dicotomía moral que se traslada al ámbito social convertida en admiración hacia el hábil criminal y respeto por la ley. Lo aberrante de los que se fascinan ante los artificios del corrupto es la extraña e incomprensible solidaridad con la que lo arropan, buscando ser tocados por su guante blanco desde las tinieblas o desde el poder. ricardosarasty32@hotmail.com




