Solo conociendo la historia, construimos paz

El 19 de septiembre de 2013 la Diócesis de Tumaco dio vida en el puerto nariñense a La Casa de la Memoria, un espacio que permite conocer la historia de … Leer más

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El 19 de septiembre de 2013 la Diócesis de Tumaco dio vida en el puerto nariñense a La Casa de la Memoria, un espacio que permite conocer la historia de este territorio, visibilizar a las víctimas del conflicto armado y formar en cátedras de paz a los habitantes del municipio.

Sin embargo, pese a todo lo que representa este lugar para los nariñenses y principalmente para los ciudadanos de la costa pacífica y las familias víctimas del conflicto armado, hoy en día está en riesgo y sus puertas se podrían cerrar en diciembre de 2022, debido a la falta de recursos económicos.

Esto es una crónica de una muerte anunciada si tenemos en cuenta como expresa el asesor de la Casa de la Memoria José Luis Fonsillas que este espacio ha podido funcionar durante todos estos años gracias a la ayuda de la cooperación alemana, que se retira al finalizar este 2022. Sin embargo, la responsabilidad y a quien va directamente el llamado para llevar a cabo su mantenimiento recae en el Ministerio de Cultura, la Gobernación de Nariño y la Alcaldía de Tumaco, que al parecer han dejado de lado y no han tenido en cuenta la sentencia conferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justicia y Paz.

Según lo expresado, el apartado 69 de dicha sentencia le exhorta al Ministerio, Alcaldía y Gobernación, contribuir con el mantenimiento, continuidad y demás gastos de la Casa de la Memoria, en el entendido que se trata de una forma de preservar la historia de las violaciones a los Derechos Humanos y garantizar su no repetición.

¿Será que a las autoridades no les interesa recordar estos hechos que marcaron la vida de miles de nariñenses? ¿Será que olvidaron que a ninguna de las partes y principalmente las víctimas les interesa que las historias se olviden para no volver a repetirlas? Bueno pues y si de justicia se trata es momento de lanzar la voz de alerta y exigir a las autoridades que les cumplan a las víctimas, que por primera vez sean conscientes de que este tipo de espacios son necesarios en un país como Colombia y principalmente en un departamento como Nariño y un municipio como Tumaco donde diariamente la violencia se roba a sus hijos, donde desde hace años la sangre corre por sus calles de manera injustificada y despiadada.

La Casa de la Memoria no puede desaparecer, porque además de ser merecedora de diferentes premios por ser la mejor exposición museográfica de memoria del conflicto armado, es ese espacio que da vida a esa historia de un territorio víctima el cual merece crecer, desarrollarse y convertirse en ejemplo de cómo se debe construir perdón y reconciliación para salir adelante.

Nos unimos al llamado y no perdemos la esperanza que las entidades departamentales y locales se van a poner la mano en el corazón y van a garantizar los recursos para que este lugar continúe su trabajo pues solo a través de la restauración y la memoria se puede construir paz.

Por Claudia Andrea Zambrano

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