“Cuando no sabes para dónde ir, todos los caminos son buenos”. Es lo que siempre ha pasado con todas las campañas electorales, donde todos proponen y nadie hace nada porque no hay recursos para invertir en proyectos transformadores de la región.
Así entonces, las campañas solo son una botadura de corriente para pescar incautos. Salvo algunas excepciones de candidatos realistas y menos surrealistas, porque seguimos hundidos en el fango de la politiquería, de los intereses subalternos, de alianzas soterradas e inmorales, de apoyos vergonzantes, de perfiles falsos y de falsas noticias, de promesas que no se cumplirán porque ni siquiera se han cumplido las de la campaña pasada, de presiones indebidas al modesto y necesitado empleado, de la distribución de postes de energía eléctrica, de entrega descarada y a la luz del día de dinero en efectivo, de comisiones de contratistas, de pequeñas ideas y minúsculas narraciones que evitan el tránsito a los grandes relatos que necesita Nariño para romper esos viejos indicadores de inmerecido atraso.
Nada sobre la pobre participación de Nariño en el PIB nacional, por lo tanto, la miserable contabilidad del Ingreso Per cápita y de ahí el escaso presupuesto asignado históricamente por el gobierno nacional.
Nada sobre el modelo de desarrollo centralista y excluyente, nada sobre otro modo de vida que transforme nuestras ventajas comparativas en competitivas que han sido aprovechadas por los malos y no por los buenos que somos la mayoría, nada sobre la luz al otro lado del túnel para que cese la horrible noche en Nariño de la violencia que padecemos y cuyas consecuencias ya llegaron a Pasto.
Pero sobre todo, nada sobre la moral como una forma de estar en la vida colectiva, en donde se validen las virtudes, la cultura, el tiempo libre y la buena ciudadanía como conceptos esenciales para rescatar a la democracia y superar esa vida inauténtica que nos impone el mercado que ha penetrado todos los ámbitos de nuestra existencia, que nos obliga a producir más rápido en menos tiempo, que nos quita el tiempo libre del ocio creador y nos evita la escuela que nos ayuda a desarrollarnos como seres humanos auténticos.
Solo queda votar por quienes se aproximen a resolver los anteriores enunciados, sin creer que los puedan disipar todos: Escobar y Toro.




