Aníbal Arevalo

Gracias por la semilla

Compañeros y compañeras: estoy muy feliz de ser el portador de bellos mensajes que recibí de ustedes. Nos llenamos de felicidad cuando nos sentimos rodeados de afecto; así si vale vivir otra vida, pero solo tenemos una: asi es que vale la pena cuidar la que tenemos y que ya lleva buena parte de ser vivida.

De verdad, provoca llorar de emoción cuando a uno le corresponde el turno de ser objetivo de palabras de cariño.

Estoy convencido que este será nuestro mejor año si nos proponemos comunicarnos entre todos palabras de ánimo cuando veamos las cosas de para arriba. Cuántas veces no hemos necesitado de ese empujoncito. Algunas veces hemos estado tristes, pero como la comedia exige que estemos sonrientes, ocultamos nuestro dolor en el corazón.

Por fortuna a Dios no se le ocurrió hacernos de palo, para ser insensibles. Nos creo con la necesidad de sentir hambre, miedo y tristeza para aprender la humildad.

Nos hizo inteligentes para no agredirnos y actuar como hermanos. Sembró en nuestra inteligencia una de las palabras más usadas y menos practicadas, porque siempre creemos que el otro ya sabe, y está es el AMOR, la única palabra que repetida muchas veces no empalaga. El amor es la palabra que mejor se puede llevar a la práctica, cómo lo hizo Jesús de Nazaret que entrego su vida por amor y de quién recibimos ese maravilloso legado de «amaos lo unos a los otros».

Yo suspiro leyendo cada uno de sus bellos mensajes y me digo: «tengo familia, no estoy solo en la tierra».

En retribución por esa bondad que emana de sus corazones, a partir de esta misma noche hablaré con el Dios de la vida para pedir que les conceda salud y larga vida para que sean muchos los cumpleaños. Le pediré a Dios que les conceda vida hasta cuando cada uno digamos ya quiero descansar voy a dejarle mi puesto a otro, este oxígeno que estoy respirando y este corazón le sirva a otro para que ayude a cargar la cruz.

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También quiero asumir el compromiso de vivir este año como si fuera el último: no me hace falta acaparar nada. Solo quiero tener la oportunidad de viajar y comer camarones. Todas formas de viaje, incluso con los libros y escribiendo. No pretendo hacer muchas cosas; lo poco que podamos hacer tiene que ser vivido a plenitud.

Y no olvidamos a nuestros seres queridos que nos antecedieron en el camino, ellos nos entregaron la antorcha que un día les entregaremos a nuestros hijos y nietos. Y buscarán la raíces, porque de un mismo árbol procedemos todos.

Que Dios nos proteja de todos los peligros que acechan en la noche y en el día. Seguro que nos ha salvado de grandes piedras que han estado a punto de caer de un peñasco. Somos sobrevivientes de muchas casualidades y sobreviviremos a tantos tropiezos aún en la misma piedra.

Nos unimos en la distancia cerrando nuestros ojos para pedirle a Dios por la salud y la vida de la familia y ofrecemos gratitud por los que ya no están entre nosotros.

Espero que estás palabras sean de unidad entre la diversidad de opiniones y creencias con el solo propósito de estar menos solos.

Gracias por la semilla de afecto, florecerá en nuestros corazones.