La Semana Santa es, sin duda, el momento del año en que Colombia se mueve como pocas veces. Entre el 29 de marzo y el 5 de abril de 2026, el país ha vivido uno de los picos de movilidad más intensos del calendario nacional, con proyecciones que apuntan a más de 12 millones de viajeros desplazándose por carreteras, aeropuertos y terminales de transporte hacia destinos religiosos, turísticos y de descanso. Las cifras ubican esta temporada como uno de los momentos más importantes del año para el sector del turismo, la gastronomía, el transporte y el comercio informal, que se activa de manera notable en torno a las procesiones, los festivales culturales y las tradiciones propias de la Semana Mayor en cada región del país.
Entre los destinos que mayor afluencia han registrado este año, Popayán ocupa un lugar privilegiado. La ‘Ciudad Blanca’ del Cauca es reconocida mundialmente por sus procesiones, declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, y cada año recibe miles de visitantes nacionales e internacionales que quieren ser parte de una tradición que tiene más de 450 años de historia. Las procesiones silenciosas, los cargueros con sus imponentes andas, la iluminación tenue de las calles coloniales y el olor a incienso crean una atmósfera única que no tiene comparación en el resto del continente. Durante 2025, la terminal de Popayán reportó un incremento del 18,8% en la llegada de viajeros durante Semana Santa, y este año las expectativas son aún mayores.
Santa Cruz de Mompox, Pamplona, el Santuario de Las Lajas y Guadalajara de Buga son otros de los epicentros religiosos que concentran la devoción y el turismo durante la Semana Mayor. Mompox, en Bolívar, ofrece una experiencia particularmente singular: sus procesiones silenciosas a orillas del río Magdalena, en un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad, transportan a los visitantes a otra época. El tiempo parece detenerse entre sus calles empedradas y sus fachadas coloniales, creando un ambiente de recogimiento que resulta difícil de encontrar en otro lugar del mundo. Quienes llegan a Mompox en Semana Santa siempre quieren regresar, seducidos por la magia que combina fe, historia y belleza natural en proporciones perfectas.
Bogotá, por su parte, se ha consolidado como uno de los destinos más importantes durante esta temporada. El Instituto Distrital de Turismo proyectó la llegada de cerca de 220.000 turistas nacionales e internacionales a la capital durante la Semana Santa 2026. Además de los visitantes, un número significativo de residentes decidió quedarse en la ciudad para disfrutar de su amplia oferta cultural, religiosa y recreativa. El Cerro de Monserrate es el gran imán de peregrinación bogotano, con más de 200.000 personas esperadas para subir al cerro durante toda la semana. El Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, la Biblioteca Virgilio Barco, el Festival Internacional de Artes Vivas (FIAV) y numerosos espacios del Instituto Distrital de las Artes ofrecieron una cartelera diversa y gratuita que fue aprovechada por los bogotanos.
En la Costa Caribe, Cartagena encabeza la lista de los destinos más mencionados en las redes sociales durante la temporada. La Ciudad Amurallada, con su combinación de playas del Caribe, arquitectura colonial y vibrante vida cultural, es el plan favorito de miles de colombianos que prefieren combinar la devoción religiosa con el descanso y el disfrute del mar. Hoteles, restaurantes y operadores turísticos de Cartagena reportaron una ocupación cercana al 90% durante los días centrales de la Semana Mayor, lo que confirma la vigencia de la ciudad como uno de los destinos predilectos del turismo interno colombiano. La oferta gastronómica del Caribe, con sus ceviches, patacones y platos de mar, fue uno de los grandes atractivos adicionales para los visitantes.
El turismo durante Semana Santa tiene un impacto económico que va más allá de los hoteles y los restaurantes. Las plazas de mercado, los artesanos, los transportadores informales, los vendedores ambulantes y los pequeños comerciantes de pueblos y ciudades intermedias son los grandes beneficiarios de esta movilización masiva. En destinos como Villa de Leyva, Barichara, Santa Fe de Antioquia, Zipaquirá y Girón, el comercio local se activa de manera especial durante los días festivos, generando ingresos que en muchos casos son determinantes para la economía de las familias que dependen del turismo para su sustento. La Semana Santa es, en ese sentido, mucho más que una celebración religiosa: es un motor económico de primer orden.
El consumo de pescado es otra de las tradiciones más arraigadas de la Semana Santa colombiana. Esta temporada se proyecta un consumo cercano a las 50.000 toneladas de pescado en todo el país, moviendo el sector pesquero, las plazas de mercado y los supermercados de manera notable. La tradición de sustituir la carne roja por pescado durante la Cuaresma tiene raíces religiosas profundas, pero también ha generado una cultura gastronómica propia que celebra la riqueza hídrica de Colombia. El bagre, el bocachico, la mojarra, el tilapia y los mariscos de la costa son los protagonistas de las mesas colombianas en esta época, y los restaurantes especializados en cocina de mar registran sus mejores ventas del año durante la Semana Mayor.




