Semana Mayor en Nariño fe y tradición

Por: Jhorman Montezuma

La Semana Mayor en Nariño volvió a demostrar que la fe no solo se profesa en los templos, sino también en los caminos, en las montañas y en cada rincón donde la tradición se mantiene viva. Este año, el departamento se convirtió nuevamente en un punto de encuentro entre la espiritualidad y el turismo, donde propios y visitantes encontraron en cada destino una experiencia cargada de significado.

Uno de los epicentros fue el majestuoso Santuario de Las Lajas, que como cada año recibió a miles de peregrinos que llegaron con promesas, agradecimientos y una fe que atraviesa fronteras. Su arquitectura imponente y su entorno natural lo convierten no solo en un símbolo religioso, sino en un referente turístico de talla nacional e internacional.

Pero Nariño no se detiene allí. Municipios como El Tambo y San Lorenzo también se consolidaron como destinos de recogimiento y tradición. En San Lorenzo, la emblemática ermita volvió a ser escenario de encuentros espirituales que conectan generaciones y mantienen viva una identidad profundamente arraigada.

En la capital, Pasto vivió su propia expresión de fe. Los cerros tutelares se convirtieron en puntos de peregrinación y encuentro. Cerro de San Fernando, Cerro Morasurco y Cerro de la Cabrera brillaron no solo por su paisaje, sino por la masiva presencia de pastusos y turistas que ascendieron con devoción, convirtiendo cada paso en una muestra de fe colectiva.

Lo vivido durante esta Semana Mayor deja una reflexión clara: Nariño tiene un potencial turístico que va más allá de lo estacional. La combinación de cultura, religión y naturaleza ofrece una experiencia única que debería ser fortalecida con estrategias sostenidas de promoción, infraestructura y apoyo a las comunidades locales.

La acogida de turistas no solo enriquece lo espiritual, también dinamiza la economía regional. Comerciantes, transportadores y emprendedores encuentran en estas fechas una oportunidad para crecer y mostrar lo mejor del departamento.

Sin embargo, el reto sigue siendo convertir estas temporadas en procesos permanentes. La fe mueve montañas, pero la planificación construye destinos sostenibles.

Nariño vivió su Semana Mayor con el alma. Entre oraciones, caminatas y encuentros familiares, se reafirmó como un territorio donde la tradición no se pierde, sino que se fortalece con cada generación.

Porque aquí, la fe no solo se celebra: se camina, se comparte y se convierte en identidad.

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