Este Domingo 18 de enero, mientras las festividades y eventos culturales captan la atención de muchos cundinamarqueses, los sectores productivos del departamento —agricultura, ganadería, comercio, turismo e industria— analizan el panorama económico del primer trimestre de 2026 y ajustan estrategias para enfrentar los desafíos que se vislumbran en el horizonte. El inicio de año es tradicionalmente un periodo de planificación intensiva para productores, empresarios y gremios económicos que deben tomar decisiones cruciales sobre inversiones, contrataciones, producción y comercialización en un contexto de incertidumbre tanto nacional como internacional.
El sector agrícola de Cundinamarca, uno de los más importantes del departamento y que genera empleo directo para decenas de miles de familias campesinas, enfrenta una situación particularmente compleja. Por un lado, las condiciones climáticas favorables de enero han permitido el desarrollo adecuado de cultivos de papa, maíz, hortalizas y flores, principales renglones agrícolas del departamento. Los productores reportan que las lluvias moderadas y las temperaturas estables están creando condiciones óptimas para la fotosíntesis, el crecimiento vegetativo y la formación de tubérculos y frutos, lo que augura buenas cosechas en las próximas semanas.
Sin embargo, estos aspectos técnicamente positivos contrastan con las preocupantes realidades del mercado. Los precios de venta de productos agrícolas se mantienen deprimidos debido a múltiples factores: sobreoferta estacional de algunos productos, competencia de importaciones subsidiadas provenientes de países con los que Colombia tiene tratados de libre comercio, altos costos de transporte que reducen la rentabilidad de los productores, y cadenas de comercialización dominadas por intermediarios que capturan la mayor parte del valor agregado mientras campesinos y consumidores finales resultan perjudicados.
Ante esta situación, cooperativas y asociaciones de productores están intensificando estrategias de comercialización directa como la «Papatón» que se desarrolla este fin de semana, explorando alianzas con restaurantes, hoteles y comedores institucionales que valoran productos frescos y de calidad, y buscando acceso a mercados especializados dispuestos a pagar precios premium por productos orgánicos, agroecológicos o con certificaciones de origen. Estas iniciativas, aunque prometedoras, todavía representan un porcentaje minoritario del volumen total comercializado y requieren inversiones en logística, empaque, refrigeración y transporte que no todos los pequeños productores pueden costear.
El sector ganadero, particularmente importante en regiones como el Magdalena Medio, el Valle de Ubaté, el Sumapaz y zonas de clima templado y cálido, también enfrenta desafíos significativos. Aunque los pastos han respondido bien a las lluvias y la condición corporal del ganado es generalmente satisfactoria, los precios de venta de ganado en pie se mantienen estancados mientras los costos de producción —especialmente concentrados, sales mineralizadas, medicamentos veterinarios y mano de obra— continúan aumentando, comprimiendo peligrosamente los márgenes de rentabilidad de los ganaderos.
Las autoridades pecuarias departamentales han intensificado campañas de prevención contra enfermedades como fiebre aftosa, brucelosis y tuberculosis bovina, implementando jornadas de vacunación masiva, controles sanitarios en ferias ganaderas y puntos de comercialización, y programas educativos para mejorar las prácticas de bioseguridad en las fincas. La salud del hato ganadero cundinamarquense es fundamental no solo para la economía de los productores sino también para la seguridad alimentaria regional, considerando que Cundinamarca es uno de los principales proveedores de leche y carne para Bogotá y municipios circunvecinos.
El sector turístico de Cundinamarca, que había experimentado una recuperación importante durante 2025 tras los impactos de años anteriores, inicia 2026 con expectativas moderadamente optimistas. Los puentes festivos de enero han traído visitantes a destinos tradicionales como la Catedral de Sal de Zipaquirá, las lagunas de Guatavita y Fúquene, los pueblos coloniales de Villa de Leyva (aunque este último está en Boyacá, muchos visitantes lo combinan con recorridos por Cundinamarca), las cascadas de La Chorrera y Chicaque, y los múltiples municipios que ofrecen experiencias de turismo rural, agroturismo y ecoturismo.
Los empresarios turísticos destacan que cada vez más visitantes buscan experiencias auténticas, contacto con comunidades locales, gastronomía tradicional y actividades de naturaleza, alejándose del turismo masivo y despersonalizado. Esta tendencia representa oportunidades para pequeños emprendimientos rurales, posadas campesinas, fincas agroturísticas y guías locales que pueden ofrecer experiencias diferenciadas y de alto valor agregado. Sin embargo, también implica desafíos en términos de calidad del servicio, infraestructura adecuada, seguridad, conectividad y promoción efectiva.




