Este martes 20 de enero, las fincas floricultoras de la Sabana de Bogotá ubicadas principalmente en municipios como Madrid, Funza, Chía, Cajicá, Tenjo, Tocancipá y Sopó, viven una de las jornadas más intensas y cruciales del año: la cosecha masiva y preparación de millones de flores que serán exportadas hacia mercados internacionales para la temporada del Día de San Valentín (14 de febrero), uno de los dos momentos de mayor demanda global de flores de corte junto con el Día de la Madre.
El sector floricultor colombiano, del cual Cundinamarca representa aproximadamente el 70% de la producción nacional, se ha consolidado durante las últimas cinco décadas como el segundo exportador mundial de flores después de Holanda, generando más de 200.000 empleos directos e indirectos principalmente en zonas rurales de la Sabana de Bogotá, y contribuyendo con más de $1.500 millones de dólares anuales a las exportaciones colombianas. Esta industria exitosa ha posicionado internacionalmente las flores colombianas —especialmente rosas, claveles, crisantemos, alstroemerias y pompones— como sinónimo de calidad superior, colores vibrantes, tallos largos, duración prolongada en florero y belleza excepcional.
La temporada de San Valentín representa aproximadamente 25-30% de las ventas anuales del sector floricultor, concentrando en apenas dos semanas (finales de enero y primera quincena de febrero) un volumen de producción, procesamiento, empaque y exportación que supera ampliamente el promedio mensual regular. Esta concentración temporal genera una demanda extraordinaria de mano de obra, con las empresas floricultoras contratando miles de trabajadores temporales adicionales que se suman a las plantillas permanentes para poder cumplir con los pedidos internacionales que deben entregarse puntualmente antes del 14 de febrero.
En los vastos invernaderos tecnificados que cubren miles de hectáreas de la Sabana de Bogotá, equipos de trabajadores especializados están realizando en estos días la cosecha selectiva de flores que alcanzaron el punto óptimo de madurez comercial. Esta labor requiere experiencia y criterio porque las flores deben cortarse en el momento preciso: ni demasiado cerradas (botón muy apretado que podría no abrirse adecuadamente), ni demasiado abiertas (flor que se marchitará rápidamente durante el transporte o en el punto de venta). Los cortadores expertos reconocen visualmente el estado ideal de cada flor, seleccionando únicamente aquellas que cumplen estándares estrictos de calidad.
Una vez cortadas, las flores inician inmediatamente un proceso riguroso de poscosecha que determina en gran medida su calidad final y duración en el mercado. Son transportadas rápidamente desde los invernaderos hasta las salas de poscosecha refrigeradas donde se clasifican meticulosamente según múltiples criterios: longitud del tallo (tallos más largos obtienen precios premium), diámetro del botón floral, ausencia de defectos visibles, uniformidad de color, y estado fitosanitario. Esta clasificación genera diferentes categorías comerciales (Select, Fancy, Extra, Primera) que se comercializan a precios diferenciados según la calidad.
Después de la clasificación, las flores pasan por estaciones de hidratación donde se sumergen sus tallos en soluciones nutritivas especiales que contienen azúcares, acidificantes, bactericidas y otros compuestos que prolongan significativamente su vida útil, mantienen la turgencia de los tejidos, previenen el crecimiento bacteriano en el agua del florero, y retardan el proceso natural de senescencia. Posteriormente son armadas en ramos según las especificaciones de cada cliente (bouquets de una sola variedad o arreglos mixtos combinando diferentes especies y colores), envueltas cuidadosamente en papel especial o plástico protector que evita daños mecánicos durante el transporte, y empacadas en cajas de cartón corrugado especialmente diseñadas que permiten ventilación adecuada mientras protegen las flores de aplastamiento.
Estas cajas son paletizadas —organizadas sistemáticamente sobre estibas de madera— y almacenadas en cuartos fríos a temperaturas entre 2°C y 4°C, donde permanecerán hasta el momento del despacho hacia el aeropuerto El Dorado. El transporte desde las fincas hasta el aeropuerto debe realizarse en camiones refrigerados que mantengan la cadena de frío ininterrumpida, factor absolutamente crítico para preservar la calidad de las flores. Cualquier interrupción de la refrigeración, incluso por periodos breves de 30-60 minutos, puede desencadenar procesos de deterioro acelerado que comprometen la vida útil del producto.
En el aeropuerto El Dorado, los cargamentos de flores son procesados por agencias de carga especializadas, pasan por controles fitosanitarios del ICA que verifican cumplimiento de requisitos de exportación, son cargados en bodegas refrigeradas de aviones de carga que los transportarán directamente a destinos como Miami, Nueva York, Los Ángeles, Toronto, Amsterdam, Londres y otras ciudades que funcionan como centros de distribución internacional. Los tiempos de tránsito son críticos: las flores cosechadas en Cundinamarca un lunes por la mañana deben estar disponibles en puntos de venta minorista en Estados Unidos o Europa el miércoles o jueves de la misma semana, dejando apenas 48-72 horas para todo el proceso logístico.
Esta temporada de San Valentín es crucial no solo para las grandes empresas floricultoras multinacionales que dominan el sector, sino también para cientos de pequeños y medianos productores familiares que cultivan entre 1 y 10 hectáreas bajo invernadero y dependen críticamente de los ingresos de esta temporada para cubrir costos operativos de los meses subsiguientes. Para muchas familias rurales de la Sabana de Bogotá, el empleo temporal en floricultura durante San Valentín representa la oportunidad de obtener ingresos adicionales importantes que complementan sus actividades productivas habituales.
Sin embargo, el sector floricultor también enfrenta desafíos significativos: altos costos de producción derivados de energía eléctrica para sistemas de calefacción y enfriamiento de invernaderos, agroquímicos importados costosos, mano de obra cada vez más escasa por migración de jóvenes rurales hacia ciudades, competencia creciente de productores de otros países como Ecuador, Kenia y Etiopía que están ganando participación en mercados tradicionales, y dependencia excesiva de pocos mercados de destino (Estados Unidos concentra más del 70% de las exportaciones colombianas de flores, generando vulnerabilidad ante cambios en políticas comerciales estadounidenses).




