En un hotel del municipio de Yarumal, Antioquia, las autoridades colombianas hallaron a 26 personas vinculadas a la secta ultraortodoxa Lev Tahor —nueve adultos y 17 menores de edad—, lo que desató alarma en la comunidad local.
El operativo, realizado por Migración Colombia con el apoyo del Gaula Militar Oriente, se activó tras sospechas sobre la permanencia del grupo y alertas activas —entre los menores rescatados había cinco con circular amarilla de Interpol, una señal internacional de búsqueda por desaparición o riesgo de trata.
Aunque los niños no presentaban signos visibles de maltrato en el momento del rescate, las autoridades expresaron preocupación por posibles violaciones a sus derechos. Por su parte, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) quedó encargado de su protección y atención, mientras los adultos permanecen bajo custodia en Medellín, en espera de una posible orden de expulsión.
El reclamo no vino solo de autoridades: la Confederación de Comunidades Judías de Colombia también rechazó la presencia de Lev Tahor en el país, afirmando que sus prácticas “contrarias a la ley y a las tradiciones judías” no deben asociarse con la comunidad judía legalmente establecida en Colombia.
Las denuncias internacionales en contra de Lev Tahor —que incluyen explotación infantil, matrimonios forzados, tráfico de menores y abuso sexual— han seguido un patrón desde su fundación en 1988 en Jerusalén, bajo la guía del rabino fundado Shlomo Helbrans. Tras múltiples investigaciones y expulsiones de varios países, la congregación parece haber buscado condiciones de clandestinidad en zonas rurales como Yarumal.
El descubrimiento y rescate de estos menores reavivan la preocupación por organizaciones que —bajo un aparente amparo religioso— podrían estar involucradas en graves violaciones a los derechos humanos, lo que subraya la urgencia de vigilancia por parte de autoridades migratorias y sociales en Colombia y América Latina.

