Millones de personas continúan enfrentando la vida desde posiciones de desventaja estructural, obligadas a esforzarse el doble para acceder a derechos y oportunidades básicas. Migrantes, mujeres, personas con discapacidad y jóvenes en contextos de pobreza comparten una realidad marcada por barreras económicas, sociales y simbólicas que limitan su desarrollo. Esta reflexión cuestiona el relato del mérito individual y plantea la necesidad de reconocer la desigualdad de partida como un paso esencial hacia una sociedad más justa, donde el progreso se mida por la dignidad y la inclusión de quienes históricamente han quedado al margen.