Se quiebra la alianza

La contienda por la Cámara de Representantes en el Meta comienza a calentarse
y no precisamente por propuestas. La lista del Partido de la U, que debería estar
concentrada en sumar apoyos, hoy enfrenta un vendaval político que amenaza
con fracturar su imagen antes de arrancar de lleno la campaña. En el centro de la
tormenta aparece el nombre de Ricardo Jaramillo, exdiputado y empresario del
sector salud, cuya aspiración estaría marcada por una alianza que muchos
califican de incómoda, riesgosa y hasta tóxica.
Divisiones
En los pasillos políticos del departamento cada vez se comenta con mayor
insistencia que detrás de la candidatura de Jaramillo estaría el exgobernador Juan
Guillermo Zuluaga, una figura que divide opiniones y despierta fuertes
resistencias. Aunque durante meses esta cercanía se habría manejado con
discreción, hoy el secreto parece imposible de sostener. La supuesta influencia del
exmandatario ya no sería un rumor aislado, sino una verdad a voces que empieza
a generar ruido, desconfianza y rechazo.
Zuluaga carga a cuestas un pesado historial político. Su paso por la Gobernación
del Meta sigue siendo recordado por polémicas, cuestionamientos y procesos que
aún cursan en la Fiscalía por presuntos malos manejos en contratación. Para
amplios sectores ciudadanos, su nombre representa desgaste, viejas prácticas y
una forma de hacer política que muchos creían superada. Por eso, cualquier
candidato que aparezca bajo su sombra termina inevitablemente salpicado.
Analistas
Analistas locales advierten que precisamente por ese desgaste, la estrategia
habría sido mantener la alianza en un perfil bajo. Sin embargo, al comenzar a
destaparse quién estaría realmente moviendo los hilos de la campaña, el proyecto
político de Jaramillo empieza a perder aire. Líderes sociales que inicialmente
veían su aspiración con expectativa hoy se muestran incómodos y cuestionan si el
candidato tiene autonomía real o si solo sería una pieza más dentro de una
estructura ya conocida.
El ajedrez electoral se vuelve aún más complejo con otro dato que circula en
corrillos políticos: Zuluaga no tendría mayor interés en fortalecer a Milton Carreño,
cabeza visible de la lista del Partido de la U. La explicación sería estratégica. Con
Carreño, el margen de control sería limitado. Con Jaramillo, en cambio, existiría
mayor afinidad, alineación y disposición a responder a un liderazgo en la sombra.

Para varios observadores, el daño ya estaría hecho. La identificación pública de
Jaramillo como la supuesta ficha de un exgobernador cuestionado estaría
minando su credibilidad y debilitando su discurso. En un Meta cansado de los
mismos nombres y las mismas fórmulas, esta alianza incómoda podría convertirse
en un lastre electoral. La campaña, lejos de despegar, empieza a diluirse entre
sospechas, señalamientos y un creciente malestar ciudadano que, tarde o
temprano, podría cobrarse la factura en las urnas.

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