Por Ricaurte Losada Valderrama
La aparición del derecho internacional y con él la responsabilidad internacional, partiendo de la que tienen los Estados, es una de las conquistas humanas importantes que se está menguando en grado superlativo.
Es un hecho que produce consecuencias nefastas para la vida y el futuro humano y que hace retroceder el avance en las relaciones internacionales y en la política exterior y, con ello, se aumenta el imperio del más fuerte y el regreso al unilateralismo y a la expansión de la guerra y de la muerte.
Se sepultan así los núcleos centrales del derecho internacional, al quedar también sepultados los tratados internacionales, partiendo de la Carta de las Naciones Unidas, que, por ejemplo, ordena que los Estados arreglen sus controversias internacionales por medios pacíficos.
También queda en letra muerta la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, que los Estados están obligados a cumplir, así como el desconocimiento de los principios de igualdad jurídica de los Estados, de igualdad de derechos y de libre determinación, independencia, de no intervención en los asuntos internos de los Estados, el arreglo pacífico de controversias y de buena fe que están quedando en letra muerta.
De la misma manera, la responsabilidad internacional se diluye y en muchos casos se acaba, primando simplemente la decisión del más fuerte, en contra de todo orden y de la seguridad.
La demolición del orden mundial la inició la política aislacionista del presidente Trump, el primer delincuente convicto en llegar a gobernar a Estados Unidos.
Entonces, el mundo libre necesita un nuevo líder que en mi concepto debe surgir en Europa, entre otras para que ese continente se independice de Estados Unidos y la necesidad de un nuevo orden es indiscutible, con todo y los gigantes obstáculos, pues la Unión Europea no es una potencia militar.
En palabras del escritor, e editor neerlandés, Ian Buruma, las grandes democracias de Europa y Asia son el único baluarte contra el autoritarismo. Y la carga de defender la libertad política recaerá en gran medida sobre los dos países, Alemania y Japón, que tanto hicieron en su día para destruirla.
Está surgiendo así un nuevo orden mundial basado en el unilateralismo y haciendo retroceder los avances humanos en grado superlativo, con las consecuencias de todo orden, frente a los tantos retos humanos, a los cuales me referí en la columna anterior.
Y como bien lo recuerda Ian, “Un esquema en el que la seguridad de numerosos países ricos dependía por completo de una única superpotencia nunca fue un esquema saludable a largo plazo.”
En todo caso lo que se impone es el multilateralismo y lo que le conviene al planeta es que la extrema derecha de los Estados Unidos representada por Trump, esté ladrando más de lo que sea capaz de morder.
Mientras tanto imperará la ley de la selva, impuesta por la hiperpotencia, porque ahora con Artemis II, propicio es tener presente que el espacio exterior es el nuevo campo de lucha de las potencias, en vez de unirse para conformar un equipo sólido para hacer frente, ya no a las relaciones internacionales sino a las relaciones universales, en un universo donde parece ser indiscutible que hay vida en muchos planetas.
@ricaurtelosada



